Santos

SANTA ECLESIASTICA

Santa Eclesiastica

Santa Escolástica
Religiosa (año 543)

Era hermana gemela de San Benito, el santo que fundó la primera comunidad religiosa de occidente. Nació el año 480, en Nursia, Italia.

Desde muy joven se dedicó también ella a la vida religiosa y fue superiora de un convento de monjas. Su hermano dirigía un gran convento para hombres en el Monte Casino, y Escolástica fundó un convento para mujeres a los pies de ese mismo monte.

Aunque eran hermanos y se amaban mucho, sin embargo San Benito no iba a visitar a Escolástica sino una vez cada año, pues él era muy mortificado en hacer visitas. El día de la visita lo pasaban los dos hablando de temas espirituales.

Pocos días antes de la muerte de la santa fue su hermano a visitarla y después de haber pasado el día entero en charlas religiosas, el santo se despidió y se dispuso a volver al monasterio. Era el primer jueves de Cuaresma del año 547.

Escolástica le pidió a San Benito que se quedara aquella noche charlando con ella acerca del cielo y de Dios. Pero el santo le respondió: ¿Cómo se te ocurre hermana semejante petición? ¿No sabes que nuestros reglamentos nos prohiben pasar la noche fuera del convento? Entonces ella juntó sus manos y se quedó con la cabeza inclinada, orando a Dios. Y en seguida se desató una tormenta tan espantosa y un aguacero tan violento, que San Benito y los dos monjes que lo acompañaban no pudieron ni siquiera intentar volver aquella noche a su convento. Y la santa le dijo emocionada: “¿Ves hermano? Te rogué a ti y no quisiste hacerme caso. Le rogué a Dios, y El sí atendió mi petición”.

Y pasaron toda aquella noche rezando y hablando de Dios y de la Vida Eterna.

Benito volvió a su convento de Monte Casino y a los tres días, al asomarse a la ventana de su celda vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo. Entonces por inspiración divina supo que era el alma de su hermana que viajaba hacia la eternidad feliz. Envió a unos de sus monjes a que trajeran su cadáver, y lo hizo enterrar en la tumba que se había preparado para él mismo. Pocos días después murió también el santo. Así estos dos hermanos que vivieron toda la vida tan unidos espiritualmente, quedaron juntos en la tumba, mientras sus almas cantan eternamente las alabanzas a Dios en el cielo.

El trabajo ofrecido por Dios es una gran oración (San Benito).

FUENTE CORAZONES


Las LLagas de San Francisco


Subida al monte de la Verna

(Julio-agosto, 1224). Si Francisco visitó el eremitorio de la Verna antes de 1224, de ello no hay memoria alguna. Es más, a juzgar por lo que cuentan los biógrafos, se diría que sólo estuvo allí ese año. Se dice, en efecto, que Francisco salió de Asís con algunos compañeros y tomó el camino que sube por el valle superior del Tíber. Después de pasar una mala noche en el eremitorio de Montecasale, sus compañeros contrataron a un campesino de la villa de Tiso, para que los acompañara con su jumento hasta La Verna. “Eres tú Francisco, de quien todos hablan“, le preguntó el buen hombre, nada más verlo. “Sí, soy yo”, le respondió él. “Pues procura ser tan bueno como la gente cree que eres, y no la defraudes“, sentenció el labriego, lo que hizo que el santo se apeara enseguida del burro y le besara los pies.

Era casi a mediados de agosto. En la subida, el calor se hacía insoportable y el campesino, muerto de sed, pedía a gritos un poco de agua. “Vete allí y la encontrarás-le dijo Francisco- El Señor la ha hecho brotar para ti”. Así fue; y añaden los cronistas que en aquella ladera nunca hubo manantial alguno.

Cerca ya del eremitorio, el grupo se detuvo a  descansar bajo una encina y, mientras el santo contemplaba el lugar, se vió rodeado de una multitud de pájaros de toda especie, que manifestaban su alegría con sus trinos y el batir de alas. Alguno incluso se posó sobre él, lo que hizo exclamar: “Me parece que el Señor le agrada que vengamos a este monte“. Reemprendida la marcha, enseguida llegaron a un repecho cercano a la cima, donde vivían no más de dos o tres compañeros, en un pequeño eremitorio rodeado de bosques, al borde de una enorme grieta en las peñas, desde donde se divisaba un espectacular panorama.

El conde Orlando, apenas supo de la llegada del santo subió a saludarlo y, a petición suya, ordenó a sus hombres que le hicieran una choza o celda al pie de un haya grande, al borde del precipicio y como a un tiro de piedra del oratorio. Al despedirse, esa misma tarde, el conde se ofreció a los hermanos para lo que necesitaran, de modo que pudieran dedicarse enteramente a la oración, libres de preocupaciones, pero Francisco después, a solas, aconsejó a los suyos que no tuviesen muy en cuenta su generoso ofrecimiento, alegando que “hay un contrato entre el mundo y los frailes menores: vosotros le debéis buen ejemplo y él, a cambio, os debe el sustento; mas si un día faltaseis al compromiso, el mundo, con razón, os volverá la espalda”. Y añadió: “Tengo intención de quedarme aquí, sólo con Dios y llorando mis pecados. No permitáis que se me acerque ningún seglar. Responded vosotros por mí. Fray León me traerá algo de comer, cuando lo crea conveniente“.

 

Cuaresma en honor de San Miguel

(15 agosto – 29 septiembre, 1224). Al cabo de unos días Francisco, queriendo conocer lo que el Señor quería de él, tomó, como de costumbre, los evangelios, oró y lo abrió por tres veces. En las tres ocasiones el texto hablaba del anuncio de la pasión de Jesús, como dándole a entender que tenía que seguir soportando angustias, combates y tribulaciones, mas no por eso se acobardó, pues jamás regateó sufrimiento o sacrificio alguno, con tal que la voluntad de Dios se cumpliera en él. Su sabiduría y mayor aspiración fueron siempre esas.

Atraído por los signos que el Señor le iba manifestando, Francisco decidió prolongar su estancia allí durante toda una cuaresma de ayuno, entre las fiestas de la Asunción de la Virgen (15 de agosto) y del Arcángel San Miguel (29 de septiembre), de quienes era especialmente devoto. Según su costumbre, buscó el lugar más apartado que pudo, donde no pudiera ser visto ni oído por sus propios compañeros. Lo encontró al otro lado del precipicio, a donde se podía acceder sólo mediante un tronco atravesado a modo de puente. Entonces pidió a los hermanos que le prepararan una celda, y les dio estas instrucciones: “Ninguno de vosotros debe de acercarse aquí, ni ningún seglar. Sólo tú, fray León, vendrás una vez, durante el día, a traerme agua y un poco de pan, y otra vez por la noche, para rezar maitines. Te acercarás a la pasarela y dirás: Señor, ábreme los labios. Y si no te respondo, márchate enseguida“. Tales precauciones eran debidas a que no le gustaba que lo sorprendieran en uno de sus frecuentes éxtasis.

Apenas se quedó solo, temiendo que aquel retiro fuese sólo un pretexto para descansar y huir de las fatigas de la predicación, pidió al Señor otra señal de que aquello era voluntad suya. A la mañana siguiente, mientras rezaba, creyó ver la respuesta en los pájaros de toda especie que, uno por uno, sobrevolaban la celda, alegrándolo con sus trinos. Entre ellos había un halcón, que tenía su nido junto a su choza, y cada noche lo despertaba a la hora de maitines, excepto cuando no se encontraba bien; entonces lo dejaba dormir hasta el amanecer.

Mas no todo fueron consuelos en aquel monte. El santo confesó al compañero que el demonio lo molestaba mucho por la noche, por eso ayunaba con mayor rigor, a pan y agua, y pasaba las noches en vela, orando y mortificándose.

Fray León, cada mañana preparaba el fuego en una choza donde el Santo solía comer, y luego iba a su celda, a leerle el Evangelio del día, pues aún no estaba permitido a los hermanos Menores celebrar la Misa de campaña. Después de las lecturas, tomadas de un breviario que ahora se conserva en Asís, en el monasterio de Santa Clara, Francisco besaba la página con respeto, y luego se iba a comer. Pero un día, el fuego prendió en la choza y él, por el gran respeto que sentía por las criaturas, en especial por el “hermano fuego“, no quiso ayudar a los hermanos a apagarlo, limitándose a poner a salvo una piel con la que se tapaba por las noches; mas luego confesó al compañero: “He pecado de avaricia. No la usaré más“.

Otro día estuvo a punto de despeñarse por el precipicio, mientras buscaba un lugar más recogido para orar en una cavidad formada por enormes bloques de piedra desprendidos y atravesados sobre la hendidura del monte. Una de las piedras cedió y se salvó de puro milagro. según él, era una más de las insidias del diablo.

En cierta ocasión, mientras observaba aquella espantosa grieta, se le reveló que la produjo el mismo terremoto que resquebrajó el Calvario en el momento de la muerte de Jesucristo, y que Dios lo había dispuesto así porque en ese monte debía renovarse su Pasión. Francisco quedó tan impresionado, que se refugió enseguida a su celda, a tratar de descifrar aquel misterio. Desde entonces se hizo más frecuente la intensidad y dulzura de la contemplación.

 

Visión del Serafín e impresión de las llagas

(13-14 septiembre, 1224). El verano tocaba a su fin. Una noche de luna llena, fray León fue, como siempre, a rezar maitines con Francisco, mas éste no respondió a la contraseña. Entre preocupado y curioso, el hermano cruzó la pasarela y fue a buscarlo. Lo encontró en un claro del bosque, de rodillas, en medio de un gran resplandor, con el rostro levantado, mientras decía: “¿Quién eres tú, mi Señor, y quién soy yo, gusano despreciable e inútil siervo tuyo“, y levantaba las manos por tres veces. El ruido de sus pasos sobre la hojarasca delató a fray León, que tuvo que confesar su culpa y explicar al Santo lo que había visto. Entonces éste decidió explicarle lo sucedido: “Yo estaba viendo por un lado el abismo infinito de la sabiduría, bondad y poder de Dios, pero también mi lamentable estado de miseria. Y el Señor, desde aquella luz, me  pidió que le ofreciera tres dones. Le dije que sólo tenía el hábito, la cuerda y los calzones, y que aún eso era suyo. Entonces me hizo buscar en el pecho, y encontré tres bolas de oro, y se las ofrecí, comprendiendo enseguida que representaban los votos de obediencia, pobreza y castidad, que el Señor me ha concedido cumplir de modo irreprochable. Y me ha dejado tal sensación, que no dejo de alabarlo y glorificarlo por todos sus dones. Mas tú guárdate de seguir espiándome y cuida de mí, porque el Señor va a obrar en este monte cosas admirables y maravillosas como jamás ha hecho con criatura alguna“. Fray León no pudo dormir aquella noche, pensando en lo que había visto y oído.

Uno de aquellos días se apareció un ángel  a Francisco y le dijo: “Vengo a confortarte y avisarte para que te prepares con humildad y paciencia a recibir lo que Dios quiere hacer de ti“. “Estoy preparado para lo que él quiera“, fue su respuesta. La madrugada del 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz, antes del amanecer, estaba orando delante de la celda, de cara a Oriente, y pedía al Señor “experimentar el dolor que sentiste a la hora de tu Pasión y, en la medida de los posible, aquel amor sin medida que ardía en tu pecho, cuando te ofreciste para sufrir tanto por nosotros, pecadores“; y también, “que la fuerza dulce y ardiente de tu amor arranque de mi mente todas las cosas, para yo muera por amor a ti, puesto que tú te has dignado morir por amor a mi”. De repente, vio bajar del cielo un serafín con seis alas. Tenía figura de hombre crucificado. Francisco quedó absorto, sin entender nada, envuelto en la mirada bondadosa de aquel ser, que le hacía sentirse alegre y triste a la vez. Y mientras se preguntaba la razón de aquel misterio, se le fueron formando en las manos y pies los signos de los clavos, tal como los había visto en el crucificado. En realidad no eran llagas o estigmas, sino clavos, formados por la carne hinchada por ambos lados y ennegrecida. En el costado, en cambio, se abrió una llaga sangrante, que le manchaba la túnica y los calzones.

Explicaba fray León que el fenómeno fue más palpable y real de lo muchos creen, y que estuvo acompañado de otros signos extraordinarios corroborados por testigos, que creyeron ver el monte en llamas, iluminando el contorno como si ya hubiese salido el sol. Algunos pastores de la comarca se asustaron, y unos arrieros que dormían se levantaron y aparejaron sus mulas para proseguir su viaje, creyendo que era de día. La aparición de Francisco con los brazos en cruz y bendiciendo a los frailes reunidos en Arlés, mientras San Antonio de Lisboa o de Padua predicaba acerca de la inscripción de la cruz (Jesús Nazareno Rey de los Judíos) debió de ser una confirmación del prodigio, pues los capítulos provinciales, según la Regla, se celebraban en septiembre, en torno a la fiesta de San Miguel (San Antonio estuvo en Provenza del 1224 al 1226). Así parece darlo a entender San Buenaventura, cuando escribe que “más tarde se comprobó la veracidad del hecho, no sólo por los signos evidentes, sino también por el testimonio explícito del Santo“.

Cuando fray León acudió aquella mañana a prepararle la comida, Francisco no pudo ocultarle lo sucedido. Desde aquel instante, él será su enfermero, encargado de lavarle cada día las heridas y cambiarle las vendas, para amortiguarle el dolor y las hemorragias; excepto el viernes, ya que el Santo no quería que nadie mitigara sus sufrimientos ese día.

 

Las cuatro prerrogativas de la Orden

(septiembre, 1224). Francisco aún permaneció dos semanas en aquella celda, hasta concluir la cuaresma, el 29 de septiembre. Uno de aquellos días, sintiéndose triste por el mal ejemplo de algunos hermanos de la Orden, y de otros que abandonaban su vocación, el Señor lo consoló con estas palabras: “¿Por qué te entristeces? ¿No soy yo quien hace que el hombre se convierta y haga penitencia en tu Orden? ¿quién le da fuerzas para perseverar, sino yo? Yo no te he escogido por que seas sabio, ni elocuente, sino por tu sencillez, para que todos sepan que soy yo quien cuida de mi rebaño. Yo te he puesto entre ellos como un signo, para que vean lo que hago en ti, y te imiten. Los que me siguen me tendrán a mí; los que no, perderán lo que creían tener. Por eso, no te aflijas; haz bien lo que haces, trabaja bien lo que trabajas, pues yo he plantado tu Orden en el amor perpetuo. La amo tanto, que si alguno la abandona y muere fuera de ella, yo llamaré a otro, para que ocupe su lugar. Y si aún no ha nacido, yo haré que nazca. Tanto la amo que, aunque sólo quedasen dos o tres hermanos, no la abandonaré jamás“.

Después de esta revelación, cuando el compañero fue a prepararle la mesa a Francisco, lo encontró sentado delante de la piedra grande y cuadrada que le servía de mesa, y éste le ordenó lavarla, primero con agua, luego con vino y, finalmente, con aceite, porque, según le dijo, “sobre esta piedra ha estado sentado un ángel. Estaba yo pensando en la suerte que correría mi Orden cuando yo no exista, y el ángel me aseguró estas cuatro cosas: que la Orden de los Menores durará hasta el fin del mundo; que ningún hermano de mala voluntad perseverará mucho tiempo en ella; que no vivirá mucho quien la persiga de propósito; y que ningún hermano que la ame acabará mal“.

 

Alabanzas al Dios Altísimo y Bendición a fray León

(septiembre 1224). Durante su estancia en La Verna, fray León atravesó un momento de crisis espiritual y pensó que una palabra del Señor acompañada por una breve nota manuscrita del santo le aliviaría, como ya ocurrió unos meses antes, cuando recibió de él una cariñosa carta autógrafa. Él no le dijo nada a San Francisco, pero éste lo llamó un día y le dijo: “Tráeme papel y tinta, que quiero escribir unas alabanzas que he compuesto para dar gracias a Dios por los beneficios recibidos“. Y escribió las Alabanzas del Dios Altísimo (ver el texto en la columna  izquierda). Luego, por la otra casa escribió la bendición sacerdotal que se encuentra en la Biblia (Num 6, 24-26) y debajo trazó elsigno de la Tau, con que solía firmar sus escritos, y se lo entregó diciéndole: “Consérvalo cuidadosamente, hasta el día de tu muerte“. Fray León recuperó la paz y desde entonces conservó la nota en una bolsita que llevaba colgada al cuello, debajo del hábito. Ahora forma parte parte de las reliquias del Sacro Convento de Asís, donde fray León murió y está sepultado, a dos pasos de la tumba de San Francisco.

 14 de Septiembre; Fiesta de la Exaltación de La Santa Cruz

La costumbre de venerar la Santa Cruz se remonta a las primeras épocas del cristianismo en Jerusalén.

14 de Septiembre; Fiesta de la Exaltación de La Santa Cruz

ORIGEN DE LA FIESTA

La costumbre de venerar la Santa Cruz se remonta a las primeras épocas del cristianismo en Jerusalén. Esta tradición comenzó a festejarse el día en que se encontró la Cruz donde padeció Nuestro Señor. Hacia el año 326 la emperatriz Elena de Constantinopla (madre del emperador Constantino I el Grande) hizo demoler el templo de Venus que se encontraba en el monte Calvario, en Jerusalén, y excavar allí hasta que le llegaron noticias de que se había hallado la Vera Cruz. El viaje se había realizado con objeto de encontrar el Santo Sepulcro, que se hallaba perdido. Se inició la búsqueda debido al culto de la cruz, desde la muerte de Jesucristo.

Santa Helena de Constantinopla

El hallazgo de la santa Cruz, porAgnolo Gaddi, Italia, siglo XIV.
Según la Leyenda dorada de Santiago de la Vorágine, cuando la emperatriz —que entonces tenía ochenta años— llegó a Jerusalén, hizo someter a interrogatorio a los judíos más sabios del país para que confesaran cuanto supieran del lugar en el que Cristo había sido crucificado. Después de conseguir esta información, la llevaron hasta el Monte de la calavera (el Gólgota), donde el emperador Adriano, 200 años antes, había mandado erigir un templo dedicado a la diosa Venus. Se cree que en realidad el Gólgota era una antigua cantera abandonada con un macizo rocoso, poco útil para la construcción, que quedó sin utilizar y constituyó posteriormente el patíbulo donde colocaban las cruces los romanos. Esta cantera estaba fuera de la muralla, pero cercana a ella.
Santa Elena ordenó derribar el templo y excavar en aquel lugar, en donde según la leyenda encontró tres cruces: la de Jesús y la de los dos ladrones. Como era imposible saber cuál de las tres cruces era la de Jesús, mando traer un enfermo incurable y tras tocar la cruz donde había muerto Jesús el enfermo sano milagrosamente.
El hallazgo de la reliquia se conmemoraba antiguamente en el mes de mayo con el nombre de fiesta de

Descubrimiento de La Santa Cruz por Santa Helena

la Invención de la santa Cruz.
La emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el lugar del hallazgo un fastuoso templo, la llamada Basílica del Santo Sepulcro, en la que guardaron la reliquia. Mucho después , e Posteriormente, a principios del siglo VII, n el año 614, el rey persa Cosroes II tomó Jerusalén y, tras la victoria, se llevó la Vera Cruz y la puso bajo los pies de su trono, como símbolo de su desprecio a la religión de los cristianos.
Tras quince años de luchas, el emperador bizantino Heraclio lo venció definitivamente en el año 628. Poco después, en una ceremonia celebrada el 14 de septiembre de ese año, la Vera Cruz regresó a Jerusalén, llevada en persona por el emperador a través de la ciudad procesionalmente. La tradición cuenta que el emperador, vestido con las insignias de la realeza, quiso llevar en exaltación la Cruz hasta su primitivo lugar en el Calvario, pero su peso se fue haciendo más y más insoportable. Zacarías, obispo de Jerusalén, le hizo ver que para llevar a cuestas la Santa Cruz, debería despojarse de sus vestidos reales e imitar la pobreza y humildad de Jesús. Heraclio con pobres vestidos y descalzo pudo así llevar la Cruz hasta la cima del Gólgota.
Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Santa Cruz.

Fiesta de la Exaltación en Jerusalén

Para evitar nuevos robos, la Santa Cruz fue partida. Una parte se llevó a Roma, otra a Constantinopla; una se dejó en Jerusalén y una más se partió en pequeñas astillas para repartirlas en diversas iglesias del mundo entero.
liturgia romana dedicó a la Santa Cruz de Nuestro Señor, además del Viernes Santo (cuyo acto central es precisamente la adoración del instrumento de nuestra Redención), dos festividades peculiares, celebradas en la Iglesia universal: la Invención (3 de mayo) y la Exaltación (14 de septiembre). El calendario particular español contempla, por su parte, una tercera: la del Triunfo de la Cruz (17 de julio), en conmemoración de las Navas de Tolosa.

La festividad del 3 de mayo recuerda el hallazgo (inventio) de la verdadera Cruz por santa Elena Augusta, madre del emperador Constantino (cuya historia está tan ligada a aquélla desde la famosa aparición la víspera de la batalla del Puente Milvio: In hoc signo vinces). La del 14 de septiembre, que es más antigua, originalmente evocaba el mismo suceso, pues se creía que era ésta la fecha en la que tuvo lugar. Pero para no crear confusiones, acabó por dedicarse a conmemorar la recuperación de la cruz de manos de los persas por el emperador Heraclio.

La célebre peregrina Eteria, valioso testigo de la vida cristiana del siglo IV, refiere con todo detalle en su Peregrinatio la celebración que tenía lugar en Jerusalén el 14 de septiembre, día en el que se juntaba en una misma fiesta la de la Invención de la Cruz y la dedicación de la basílica constantiniana tripartita del Martyrion y la Anastasis (Santo Sepulcro). El concurso de fieles era inmenso y acudían gran número de obispos y monjes y hasta anacoretas provenientes de Siria, Mesopotamia, Egipto y la Tebaida. Llegaban peregrinos de muchas provincias del Imperio. La importancia de la festividad era tal que se equiparaba a la Pascua y a la Epifanía, por lo cual todas las iglesias de Jerusalén se adornaban con la misma riqueza que en estas ocasiones. Con el tiempo la dedicación de la basílica del Santo Sepulcro pasó a segundo plano hasta quedar casi por completo obnubilada.
Con el tiempo, la fiesta de la Exaltación de la Cruz se comenzó a celebrar en todos aquellos lugares donde se conservaba la reliquia de la Vera Cruz(Lignum Crucis). En Roma se introdujo bajo el reinado del papa Sergio I (687-701), según consta por el Liber Pontificalis. En ese día se exponía y adoraba el fragmento de la Cruz llevado a Roma por santa Elena. La ceremonia revestía la misma solemnidad que la adoración que tenía lugar en Viernes Santo y se celebró hasta el siglo XIII. Mientras tanto, a través de los sacramentarios galicanos, había entrado en la liturgia romana la festividad del 3 de mayo, que se celebraba desde la época carolingia sin estar claro su origen. Al fundirse los libros litúrgicos galicanos con el sacramentario gregoriano subsistieron, sin embargo, ambas fiestas, aunque tenían el mismo objeto. Como queda dicho, la del 14 de septiembre, originalmente dedicada al hallazgo de la Cruz, pasó a ser el recuerdo litúrgico de su recuperación del poder de los paganos.

25 DE JULIO

Santiago apóstol,

patrón de España

santiago-apostol-patron-españa

 

Santiago el Mayor, evangelizador de España Hijo de Cebedeo y María Salomé, hermano de Juan evangelista- Murió decapitado en Jerusalén, por orden de Herodes  Agripa I, siendo emperador del mundo romano Claudio el 25 de Marzo del año 44 del siglo I-)

Trasladaron su cuerpo desde Jaffa a Iria Flavia (padrón) sus discípulos gallegos Teodoro Anastasio y Evanio.

Fue descubierto el sepulcro en el monte Libredon, por el ermitaño Pelayo, y el obispo Teodomico el 25 de julio del año 813, siendo emperador del  Imperio de Occidente, Carlo magno, y pontífice de Roma León III, y el rey de Hispania Alfonso ii, el casto.

Los siete Varones que le ayudaron a Evangelizar España fueron

Torcuato  en  – Acci –  Hoy Guadix

Tesifonte en  –  Vergi – Hoy  Murcia

Indalgencio en –Urcia  – Hoy Almería

Segundo en  Avila  – Abula  – Hoy Avila

Eufragio en Iliberris – Hoy  – Andujar

Ceciliu en Illiberris– hoy  Granada

Esikilow en – cartesis – Hoy Algeciras

El Primer año Santo Compostelano fue en el 1122 por el pontífice Calisto II.

La noche del 1 a 2 de enero del año 40, del siglo I se le apareció en Zaragoza, en carne mortal Nuestra Señora la Virgen María sobre el pilar de Jaspe transportada junto con la columna por Coros Celestiales para animar al Apóstol Santiago en su misión apostólica y último viaje.

Dejando como regalo del cielo y símbolo de fe y perseverancia la santa columna que hoy se venera en la basílica del Pilar de Zaragoaa

Santiago Apóstol

Es una de las fiestas del verano que la comunidad cristiana cele- bra con solemnidad.

En muchas localidades se celebra como fiesta patronal, junto a

santa Ana y a san Joaquín, los padres de la Virgen.

La especial consideración del apóstol Santiago entre nosotros está muy unida a la devoción a la Virgen del Pilar y por ser una tierra atravesada por la ruta jacobea, su figura está presente en to- da nuestra geografía, en muchos templos, ermitas y en otros ele- mentos de la devoción popular.

Santiago ha unido pueblos y ha tendido puentes de convivencia, por eso en su fiesta pedimos al Señor, por su mediación, el don de la paz, tan difícil y costosa; trabajo para todos, salud para los enfermos y, con la liturgia del día, que, con su guía y patrocinio, se conserve la fe en los pueblos de España.

“Dios todopoderoso y eterno, que consagraste  los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago; haz que, por su martirio,  sea fortalecida  tu Iglesia y, por su patrocinio,  España se mantenga  fiel a Cristo hasta el final de los tiempos”


Fiesta de la Divina Misericordia


 

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Hay un mensaje nuevo de Nuestro Señor Jesucristo para el mundo de  hoy, que nos ha lle­gado a  través de revelaciones hechas  a Santa María Faustina  Kowalska, por el que se define, como última tabla de salvación, el recurso en esta vida  a la  Divina Misericordia, que  es infinita.

Este mensaje de la Divina Misericordia plan divino para los últimos tiempos está aprobado, recomendado e   impulsado por el Vicario de Cristo.

 

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misericordia antes que justicia

 

 

 San Juan Pablo II

 

 

 

 

 

 

 

“La Luz  dél mensa¡e dé la ‘Divina  ‘Misericordia, confiado a Santa Faustina  por’:Jesucristo, iluminará al hombre del Tercer Milenio”.

El Papa afirmó que  rezaba continuamente la oración del  Rosario de  la  Divina Misericordia:

“Por la dolorosa Pasión  de  tu  Hijo, ten  mise­ricordia  de nosotros y del mundo entero”.

“¡Sacerdotes, haced de la Divina Misericordia vuestro programa sacerdotal en este tiempo necesitado como nunca!’:

Por  iniciativa de  Juan  Pablo II  han sido dis­tribuidas millones de estampas en  las que él puso estas palabras:

“Sed apóstoles de  la  Divina Misericordia”.

Benedicto XVI

“.Jesús, confio en ‘Ti; en estas palabras se resume la fe del cristiano, que es la  fe en la omnipresencia del amor misericordioso de Dios

 

El  secreto para que   este mundo de  guerra y odio  consiga la  paz:

300- “La humanidad no conseguirá la paz hasta que  no  se dirija  con confianza a  Mi misericordia”.

Cristianos  privilegiados y  especialmente  pre­dilectos son aquéllos que han sabido vivir  seria­mente la devoción a la  Divina Misericordia. A la hora de la muerte serán tratados con  Bondad sin

1224- “Las almas que  veneran y glorifican Mi misericordia son las que  más  lamentaron Mi Pasión  y penetraron más  profundamente en  Mi espíritu. Ellas  son  un  reflejo  viviente de  Mi Corazón  compasivo. Estas almas res­plandecerán con  un resplandor especial en  la vida  futura.  Ninguna  de ellas irá al fuego  del infierno. Defenderé de  modo especial a cada una  en la hora de la muerte”.

Los apóstoles que  propagan esta Devoción están en  la mira predilecta del Señor:

1075- “A las  almas que  propagan  la devo­ción  a  Mi  misericordia  las  protejo   durante toda su vida como una madre  cariñosa (prote­ge) a su  niño  recién nacido y a la hora  de  la muerte no seré  para ellas Juez sino Salvador misericordioso”.

1540- “Todas  las almas que  adoren  Mi misericordia y propaguen la devoción invi­tando a  otras  almas a conimr en  Mi miseri­cordia  no  experimentarán terror  en  la hora de  la  muerte. Mi misericordia las  protegerá en ese  último combate…”

Predilección de Jesucristo por  quienes exponen y veneran la Imagen de  la Divina  Misericordia:

48-  “Prometo que  el alma  que venera esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí  en  la tierra,  la victoria sobre  los  enemi­gos  y, sobre  todo, a la hora  de la muerte Yo Mismo la defenderé como Mi gloria”.

El mismo Jesús ordena que  el Papa establezca la   Fiesta  de   la   Misericordia -2°  Domingo  de Pascua-  como día   de  perdón  total de culpas y penas:

300- “Pide a Mi siervo fiel que en aquel día hable al mundo entero de esta gran miseri­cordia  Mia; que quien se acerque ese día a la Fuente deVida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas”.

la confianza es clave. El número y grado de dones se condiciona a la confianza en Él. Es ésta la virtud que más le agrada:

1578- “Que las almas que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia, porque la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia. Deseo que estas almas se distingan por una  confianza  sin  límites en Mi  misericordia. Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo lo  que sea necesario para su santificación. Las gra­cias de Mi  misericordia se toman con un solo  recipiente  y  éste es la confianza. Cuanto más confie un alma, tanto más reci­birá. Las almas que confian sin límites son Mi gran consuelo, porque en  tales  almas vierto todos los tesoros de Mis  gracias.  Me alegro de que pidan mucho, porque  Mi deseo es dar mucho, muchísimo”.

1146- “Hija mía, escribe sobre Mi  mise­ ricordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden”.

723- “Quien confia en Mi misericordia no perecerá porque todos sus asuntos son Míos y  los enemigos se estrellarán a los pies de Mi escabel”.

1273- “El alma que confia en Mi  miseri­ cordia  es  la  más  feliz  porque  Yo   Mismo tengo cuidado de ella”.

Una promesa especial para los  sacerdotes en orden a la  conversión de  los  pecadores:

santafaustina

1521- “Diles a Mis  sacerdotes  que los pe­ cadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia  insondable,  de la compasión que tengo  por ellos en  Mi  Corazón. A  los sacerdotes que proclamen y alaben  Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazo­ nes a los cuales hablen”.

Una oración determinante a la  hora de  con­ seguir la  conversión y la salvación de  los  hom­bres. Es  la  coronilla de  la  Divina Misericordia:

687- “Reza incesantemente esta coronilla que te  he enseñado. Quien quiera que la rece recibirá gran misericordia a la  hora de la  muerte.   Los    sacerdotes   se  la  recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación”.

 


Jaculatoria: “Jesús, Confío en Ti”


 

Coronilla  o Rosario de la Divina Misericordia

Se comienza con: Un Padrenuestro… un Ave María…y el Credo.

En las cuentas grandes:

“Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad  de Tu Amadísimo  Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los d el mundo entero

En las cuentas pequeñas:

“Por  Su Dolorosa Pasión, ten misericordia  de nosotros y del mundo entero”.

Al terminar las cinco decenas, se  procede a decir tres veces:

“Santo  Dios , Santo Fuerte, Santo inmortal, Ten piedad de nosotros y del mundo entero”.

A las tres: Hora de la Misericordia. Medita aunque sea brevemente la Pasión y Muerte del Señor. Pide sobre todo por los pecadores. En esta hora nada le será negado a quien lo pida por los méritos de la Pasión.

Los rayos rojo y pálido.

“Oh, Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia  para nosotros , en Ti confío” .

La Imagen. Ponla enseguida en tu casa.

DIVINA-MISERICORDIA1

“… El alma que venera esta imagen  no perecerá”, A la hora de la muerte Yo mismo la defenderé como Mi gloria”.



754- “A   las almas que recen esta  coro­nilla, Mi  misericordia las envolverá en vida y especialmente a la  hora de la muerte”.

811- “… Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta coronilla en la  hora de la muerte, o cuando los demás la  recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cuando cerca  del agonizante es rezada esta coronilla, se aplaca la  ira divina y  la   insondable  misericordia  envuelve  al alma y se conmueven las entrañas de Mi misericordia por la dolorosa Pasión de Mi Hijo”.

848- “Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que recen esta coronilla; las entrañas  de Mi  misericordia se enternecen  por  quienes  rezan  esta  coronilla… Habla al mundo de Mi misericordia para que toda la  humanidad conozca la  infinita misericordia Mía. Es una señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia.  Todavía queda tiempo,  que  recurran, pues, a la Fuente de Mi  Misericordia, se beneficien de la Sangre y  del Agua que brotó para ellos”.

1541- “Hija mía, anima a las almas a rezar la coronilla que te he dado. A quienes recen esta coronilla, Me  complazco en darles lo que me pidan. Cuando la  recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la  hora de su muerte será feliz… Proclama que ningún alma que ha invocado Mi  misericordia ha quedado decepcionada ni  ha sentido confusión, Me  complazco particular mente en el alma que confía en Mi bondad. Escribe: cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me  pondré entre el Padre y el  alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso”.

El  tiempo para recurrir a su misericordia, es ahora, si no  lo hacemos, después sólo  actuará la justicia:

1588- “En el Antiguo Testamento enviaba a los profetas con truenos a mi  pueblo. Hoy te envío a ti a toda la   humanidad  con  Mi misericordia… Mi mano se resiste a tomar la espada de la justicia. Antes del día de la jus­ticia envío el día de la misericordia…”

Este mensaje está especialmente programado para preparar al  mundo a la última venida de Jesucristo:

965- “… Habla a las almas de esta  gran misericordia  Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia…”

429- “… Prepararás al mundo para mi últi­ma venida…”

83- “Antes de venir como el Juez Justo, vengo como el Rey de Misericordia. Antes de que llegue el día de la justicia, le será dado a los hombres este signo en el cielo. Se apagará toda luz en el cielo y  habrá una gran oscuridad en toda la tierra. Entonces, en el cielo aparecerá el signo de la cruz y de los  orificios  donde  fueron  clavadas  las manos y los pies del Salvador, saldrán gran­ des luces que durante algún tiempo ilumi­narán la tierra. Eso sucederá poco tiempo antes del último día”.

Después de  gran esfuerzo y lucha por  parte de los  apóstoles difusores de   este  mensaje, final­ mente la Divina Misericordia triunfará y brillará:

1659- “La gloria de la Divina Misericordia ya resuena a pesar de  los esfuerzos de los enemigos y  de Satanismo, que odia muchísimo  la  Divina  Misericordia¡  como esta obra le arrebatará un gran número de almas, el espíritu de las tinieblas tienta, a veces  violentamente,  a  personas  buenas para que obstaculicen esta obra. Sin embargo, conocí claramente que la voluntad de Dios ya  se está cumpliendo, y se cumplirá hasta el último detalle”.


abandono  en la misericordia

Si quieres conocer a  fondo  este  maravilloso mensaje de amor que Jesucristo  nos envía del Cielo,

Diario de Santa Faustina Kowalska


Santo Cura de Ars


 

 

Santo-Cura-de-Ars_Mater Nostra

¡Bendito sea Dios!

¡Animo, Alma mía!

 

El tiempo pasa; la eternidad se acerca.

 

Vivamos tal como hemos de morir.

 

Bendita sea La Inmaculada Concepción de María,

 

Madre de Dios

 

 

Los buenos cristianos que trabajan en salvar su alma están siempre felices y contentos; gozan por adelantado de la felicidad del cielo; serán felices toda la eternidad. Mientras que los malos cristianos que se condenan, siempre se quejan, murmuran, están tristes…y lo estarán toda la eternidad.
Un buen cristiano, un avaro del cielo, hace poco caso de los bienes de la tierra; sólo piensa en embellecer su alma, en obtener lo que debe contentarle siempre, lo que debe durar siempre.
Ved a los reyes, los emperadores, los grandes de la tierra: son muy ricos; ¿están contentos? Si aman al Buen Dios,
sí; si no, no están contentos. Me parece que no hay nada que dé tanta pena como los ricos cuando no aman al Buen Dios. Puedes ir de mundo en mundo, de reino en reino, de riqueza en riqueza, de placer en placer; pero no encontrarás tu felicidad. La tierra entera no puede contentar a un alma inmortal, como una pizca de harina en la boca no puede saciar a un hambriento”.

 

“Santo Cura de Ars. Juan María Vianney”