El geólogo español Antonio Yagüe profetizó que la fecha en que sucedería el Gran Milagro – profetizado en Garabandal y Medjugorje -, sería en el 2017,

EL CIELO: DOS LENGUAJES DIFERENTES PARA UNA SOLA REVELACIÓN

¿Es posible que Dios haya utilizado otro lenguaje adicional a la Biblia, para hablarnos de Su único Plan de Redención?

La Astronomía Sagrada es nada menos que la ciencia que llevó a los Reyes Magos a descubrir cuándo y dónde sería la primera Venida de Jesucristo.

Este saber arcano, que nada tiene que ver con horóscopos y astrólogos, tal vez era legible por los hombres antes del Diluvio, pero quedó olvidado durante muchos siglos, porque el demonio (gran imitador de Dios), se encargó de envilecer la Astronomía Sagrada inventando una burla de ella, la Astrología, que tomó a la humanidad por asalto convirtiéndose en parte de la cultura más popular.
Ha habido, sin embargo, estudiosos que rescataron y rescatan lo escrito en las estrellas, para tratar de develar qué nos quiso decir Dios con cada una de ellas.
El Dr. en Geología Antonio Yagüe, es un estudioso del tema y ha querido compartir con nosotros todas sus hipótesis, basadas en el estudio riguroso de las Sagradas Escrituras y su posible reflejo en las estrellas, apoyándose también para ello en las mismas Escrituras. En su trabajo, él cita el Salmo 19, que habla precisamente de eso:
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Avanzando en su estudio, y basándose en el episodio de los Magos, el Dr. Yagüe llega a confirmar (y no es el primero), que efectivamente existe un mensaje divino en las estrellas.
Lo hace deduciendo que, al no conocer los Magos ni una sola letra de la Escritura, sin embargo supieron antes que nadie, y tan solo por el estudio de las estrellas, cuál sería el momento, el lugar y , lo más importante Quién sería el que iba a nacer.
El propio Dr. Yagüe lo explicaba en un artículo para Religión en Libertad
“Al escribir sobre la sabiduría de los Reyes Magos, manifestaba mi asombro or lo que llegaron a conocer del Redentor aquellos hombres santos sólo a través de las estrellas. …supieron el dónde y el cuándo y el quién de su nacimiento, y amaron a aquel Niño que sabían era Dios y Hombre a la vez, que moriría y que volvería como Rey triunfante. Así se deduce a través de los regalos que le ofrecieron: incienso, mirra y oro”
Los regalos ofrecidos a Jesús por los Magos revelan que por las estrellas ellos conocieron Su doble naturaleza Divina (por eso le llevaron incienso) y humana, (la mirra lo confirma). También la mirra señala que ellos habían llegado a conocer a través de las estrellas que Él estaba llamado a sufrir, pero que era un Rey y que su victoria estaba escrita en el Cielo, por lo que también le llevaron oro.
Apoyado en estos conocimientos, el Dr. Yague va un paso más allá, lanzando esta vez la hipótesis de que si los datos proféticos de la Primera Venida estaban escritos en un doble lenguaje: el de las estrellas y el de la Palabra, era seguro que los de la Segunda Venida además de plasmados en las profecías bíblicas, también estarían escritos en las estrellas. Sólo había que investigar y aprender a leer lo que él llama los Patrones de Profecía de la Primera Venida, y aplicarlos a la Segunda.
Para comenzar a entender de qué nos habla, él mismo recurre al Diccionario para buscar la definición de la palabra “Patrón”. Encuentra que es “un modelo que sirve de muestra para sacar otra cosa” y que puede ser “un conjunto d elementos que forman una unidad que se repite, por lo que puede tomarse como referencia”.
Bien. ¿Pero cómo esas definiciones pueden aplicarse a una profecía?
Él explica que lo que él llama un patrón profético es un texto de la Sagrada Escritura que, sin enunciar directamente una profecía, es modelo, símbolo o anuncio de algo futuro.
La pregunta ahora es, ¿por qué podríamos o deberíamos creer en las profecías? ¿Para qué buscarlas?
El encuentra la respuesta en Apocalipsis 19,10, donde aparece escrito que

“el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía”

GUADALUPE, SIEMPRE GUADALUPE, ANTES Y AHORA

 

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Y así es. Lo que parece haber disparado su interés en las estrellas fue leer sobre el descubrimiento de que en el manto de la Virgen de Guadalupe aparecían 46 estrellas con sus correspondientes constelaciones.
Y tan es así, que el Instituto de Estudios Astronómicos de la Universidad de México concluyó que el firmamento estampado en la tilma sobre la imagen de la Sma. Virgen, era exactamente el que aparecía en el cielo de México en el solsticio de invierno del año de la Aparición, o sea, 1531.
Pero la ubicación de las estrellas, que era exacta, no era vista desde abajo, sino desde arriba, desde lo más alto, establecida en una perspectiva denominada anamórfica

ESTRELLAS EN EL MANTO

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Debemos al Padre Mario Rojas y al Dr. Juan Homero Hernández Illescas, el descubrimiento de la correlación entre las estrellas estampadas en el manto de la Virgen y las del cielo en el solsticio de invierno del año 1531.
Ellos descubrieron que nada en el manto había sido colocado al azar, que en él estaban reconstruidas las constelaciones y las principales estrellas.

También notaron que algunas constelaciones, que no estaban representadas explícitamente, quedaban en posiciones significativas, como por ejemplo, la Corona Boreal quedaría sobre la frente de la Virgen, sobre las manos juntas estaría Virgo. Leo, con su estrella Régulus (el Pequeño Rey) quedaría justo sobre su vientre grávido. Y Orión, el mítico gigante, sobre el ángel que la sostiene.

LAS ESTRELLAS, PRESENTES EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS

Con esos datos en su carpeta, el Dr. Yagüe comenzó a buscar las menciones de estrellas en la Sagrada Escritura. Desde el comienzo, fueron señaladas como creación de Dios.

“Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas; y los puso Dios en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra, y para dominar en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad.”(Génesis 1, 16-18).

Por lo tanto, por su condición de ser criaturas, NO pueden ser adoradas.

Su número es grande, pero está contado. Y cada una tiene su propio nombre

“Él determina el número de estrellas y a cada una le pone nombre” (Salmo 147,8).

Ahora bien, el nombre de cada criatura entraña el significado de misión. Dentro de la Creación, los únicos que tienen nombre individual son los seres humanos y, como se ve, también las estrellas. El resto de la Creación está nombrado por especie, las plantas, los animales, etc.
Los creyentes sabemos, por Fe, que cada uno de nosotros tiene una misión en la vida.
Lo que no sabíamos, es que también las estrellas parecen tenerla.

Cada estrella tiene un resplandor diferente
San Pablo nos lo dice en su Primera Carta a los Corintios:

“ . . . y aún entre las estrellas, el brillo de una es diferente del de otra”. (1 Cor. 15,41).

Siguen un orden de aparición determinado, nada fue puesto al azar

“Levanten los ojos al cielo y miren. ¿Quién creó todo esto? El que los distribuye uno por uno y a cada uno lo llama por su nombre. Tan grande es su poder y su fuerza, que ninguno de ellos falta.” (Isaías 40, 26)

 

Fueron puestas con sabiduría

“Con sabiduría e inteligencia, el Señor afirmó los cielos y la tierra”(Proverbios 3, 19).

Sabemos desde siempre que las estrellas, así como el Sol y la luna, fueron puestas por Dios para iluminar el día y la noche. Para ordenar la vida del hombre (medir los tiempos, las estaciones, servir de orientación en la noche)

Como signos
Signo es una figura convencional que tiene asociado un significado o mensaje

“Los cielos proclaman la gloria de Dios, de su Creación nos habla la bóveda celeste” (Salmo 19, 1)

constelaciones

 

EN BUSCA DE LA PALABRA DE DIOS EN LAS ESTRELLAS

Continuando con su investigación, Yague fue a los escritos de otros eruditos, que también estudiaron exhaustivamente las estrellas. En efecto, la británica Frances Rolleston en 1862, el norteamericano Joseph Seiss en 1882 y Edward Maunder en 1934, además de otros, dedicaron su vida a investigar estrellas y constelaciones con sus correspondientes nombres desde la antigüedad.
Los sorprendentes resultados de estas investigaciones fueron que tanto las estrellas como las constelaciones habían conservado sus nombres desde la más remota antigüedad, no importando de qué civilizaciones se tratara.
Y de acuerdo a antiquísimos grabados, pudieron afirmar que tanto estrellas como constelaciones se han mantenido en un orden casi invariable desde la antigüedad hasta nuestros días.
La consecuencia que deduce el Dr. Yagüe es que: si las estrellas trasmiten un mensaje, éste proviene de muy antiguo, y muy probablemente desde los mismos orígenes del hombre.