¿Qué es la rúbrica?

Es la norma de obligado cumplimiento establecida por la autoridad de la Iglesia en el Misal Romano, a la que el sacerdote se ha de someter cumpliéndola perfectamente. Las rúbricas se traducen en las oraciones,  gestos, diferentes posturas del cuerpo…que realiza el sacerdote.

Crítica a las rúbricas.

Es muy corriente oír decir que al oficiar la Santa Misa Tradicional se cae en un excesivo “rubricismo”. Dicen unos,  que no es necesario ni tanto apego a las rúbricas ni tanto protagonismo del sacerdote. Pero quienes dicen esto no aclaran  qué forma  sería la correcta y digna para celebrar la Santa Misa, dejando al sacerdote en una “tierra de nadie”. Otros, por el contrario, se dedican a denigrar las rúbricas y  ridiculizar la forma de celebrar la Santa Misa Tradicional, sosteniendo que el someterse a la autoridad de aquellas convierte la Santa Misa en algo excesivamente formal, autómata, sin “vida”, y algo muy alejado de la verdadera “participación” de los fieles.

La verdad de las rúbricas.

Queridos hermanos, el sacerdote es consciente que está ante el  altar de Dios cuando es capaz de verse a sí mismo en su verdadera realidad: la más extrema miseria, la impotencia absoluta, el indigno por excelencia, cuando es consciente de que el Padre Eterno Todopoderoso le está mirando, esperando que sus indignas manos ofrezcan la Santa Víctima, en unión con el Santo Espíritu de Dios, y en presencia de la Santísima Virgen y toda la Corte Celestial.

Cuando el sacerdote vive esa realidad cae en la cuenta que nada, absolutamente nada, hay en él capaz de dar gloria a Dios si oficia la Santa Misa con su propio ingenio. Al sentir su impotencia ante tan gran responsabilidad, implora la ayuda de la Santa Madre Iglesia para que guie sus labios, sus manos, su cuerpo… La Iglesia, con las rúbricas, sale al encuentro del sacerdote para decirle cómo ha de dignificar el Santo Sacrificio para dar la gloria debida a la Santísima Trinidad, y, además, excitar el alma de los fieles, avivando en ellos el deseo de profundizar en el misterio de la Santa Misa.

Vivir las rúbricas.

Cuando el sacerdote entiende lo anteriormente dicho ve en las rúbrica verdadera “vida”. Cuando el sacerdote besa el altar consciente que  besa al Señor; cuando es consciente  de que cada inclinación de cabeza es para honrar el nombre de Jesús, o María, o del Santo del día; que cada genuflexión es para adorar al Santísimo Cuerpo y la Sacratísima Sangre de Nuestro Señor; que cada vez que se dirige a los fieles con la mirada al suelo es para recordarle a él, y a ellos, que es Cristo el verdadero Sacerdote que ofrece el Santo Sacrificio; que cada movimiento en el altar ha de ser pausado por la dignidad de la ceremonia; que cada inclinación profunda del cuerpo es para reforzar y acentuar la importancia de la palabra que se está pronunciando… Entonces, el sacerdote está haciendo “vida” en sí mimo lo que las rúbricas le indican que debe hacer.

A través de las rúbricas está viviendo, sintiendo, participando intensamente en la Santa Misa. Está dando, sin lugar a dudas, la mayor gloria a Dios Padre Todopoderoso. Y está alimentando al alma de los fieles, edificándoles.

No hay punto intermedio.

No hay punto intermedio entre las rúbricas  y el protagonismo del sacerdote. Sólo la rúbrica evita el protagonismo vergonzoso y, muchas veces, ofensivo, del sacerdote. Las rúbricas permiten al sacerdote poder separar su propia miseria de lo que es propio de Dios, le sitúan ante la Verdad de Dios, que es el Calvario, y permiten que el Espíritu Santo impregne al sacerdote de unción ante la realidad del Sacrificio del Cordero Divino  en el altar.

Escuela de santidad.

Las rúbricas en la Santa Misa Tradicional son escuela de santidad para el sacerdote y fieles. Lleva al sacerdote “de la mano” a la santidad de la acción que va a realizar: el Santo Sacrificio que el Cordero de Dios ofrece en unión del Espíritu Santo al Padre Eterno Todopoderoso. Pero que también se ofrece por todos sus hijos, cada uno de nosotros, por su infinito Amor, para que ninguno se pierda.

Al dejarnos guiar por las rúbricas, humildemente aceptamos nuestra miseria, y dejamos que nuestra Madre la Santa Iglesia nos guie, con la certeza absoluta que haciendo lo que ella nos dice damos toda la gloria a Dios Todopoderoso.

Padre  Juan Manuel Rodríguez de la Rosa