LA VIRGEN DE GUADALUPE ¿TAMBIÉN NOS HABLÓ CON SU MANTO?

LA VIRGEN DE GUADALUPE ¿TAMBIÉN NOS HABLÓ CON SU MANTO?

Dado que el manto de la Sma. Virgen está tachonado de estrellas, Ella debe querer decirnos algo con eso.
La primera conclusión de Yagüe, apoyada en las investigaciones del Padre Rojas y el Dr. Hernández Illescas, las de éste último conjuntamente con el Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional de México, fue que:

las 46 estrellas del manto no son un adorno aleatorio.

Tampoco su posición en el manto es aleatoria, sino que, como ya dijimos, es una proyección anamórfica de la situación real del cielo en el solsticio de invierno del año 1531 que fue cuando la Virgen se apareció a Juan Diego.

En el manto están representadas las estrellas más brillantes de las principales constelaciones visibles desde el Valle del Anáhuac aquella madrugada del 12 de diciembre. Allí están las constelaciones completas.

En el lado izquierdo del manto de la Virgen (a nuestra derecha, porque la vemos de frente) se encuentran comprimidas las constelaciones del sur: Ofiuco, Escorpión e Hidra.

En el lado derecho del manto de la Virgen se muestran las constelaciones del norte.

En el hombro, un fragmento de la constelación del Boyero (Bootes); hacia abajo, a la izquierda, le sigue la Osa Mayor (Ursa Maior), en forma de una sartén. La rodean, a la derecha, arriba, la cabellera de Berenice (Coma Berenices); a la derecha, abajo, Lebreles (Canes Venatici); a la izquierda Thuban la estrella más brillante de la constelación del Dragón (Draco).
Por debajo de dos estrellas (que forman parte de Lince), se percibe otro par de estrellas de la constelación del Cochero (Auriga), y al oeste, hacia abajo, tres estrellas de Tauro (Taurus).
De esta manera quedan identificadas en su totalidad y en su sitio,

un poco comprimidas, las 46 estrellas más brillantes que rodean el horizonte del Valle de México.

Esa posición coincidente con el cielo en el momento de la estampación milagrosa de la imagen en la tilma, confirma asombrosamente por otra vía la historicidad de la aparición.

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¿ES POSIBLE ENTONCES QUE EXISTA EN LAS ESTRELLAS ALGÚN MENSAJE MÁS?

Pues parece que, a medida que los eruditos iban observando y analizando las estrellas, fueron haciéndose conscientes de que ellas efectivamente nos trasmiten un mensaje de Dios. Esa idea se fue confirmando a través del significado de sus nombres, a través de las formas y figuras de las constelaciones, así como de la relación espacial entre ellas.

La gran sorpresa apareció cuando tomó forma la hipótesis de que la bóveda celeste explica, de la misma forma que las Sagradas Escrituras, el Plan Redentor de Dios.

Eso tiene como significado primero y muy importante, que

Dios plasmó en las figuras estelares su promesa de Redención y enseñó a los hombres su significado.

Cada noche, el hombre podía recordarla en forma de película.
Dado que pasarían cerca de 2.500 años desde la promesa de Redención al hombre en el Paraíso, hasta que fuera escrito el Génesis,
Dios escribió ese mensaje en las estrellas para que el hombre no perdiera la esperanza en su liberación de los efectos mortales del pecado.

A estas alturas, Yagüe concluye que:

Dios creó dos vías de trasmisión (imagen y escritura) o lo que es lo mismo, “dos testigos” de la única promesa de Redención.

MUY BIEN, ESTO FUE EL PASADO Y YA SE CUMPLIÓ. PERO, ¿QUÉ ES LO QUE VIENE?

Este es el desafío que se plantea y nos plantea nuestro investigador.
Si estaba plasmada en las estrellas la Primera Venida de Nuestro Señor, debe estarlo de igual manera Su Segunda Venida.

Y un paso más: tal vez lo esté con el mismo Patrón Profético de la Primera Venida.
Por lo tanto, Yagüe comenzó a averiguar qué cosas nos decía la imagen de la Virgen de Guadalupe. Encontró que hay varias muy reveladoras.
María se presentó en Guadalupe como la Mujer del Apocalipsis vestida del sol, con la luna bajo sus pies, etc., etc.
Pero, lo asombroso fue que hubo dos detalles que, aunque latentes, no estaban visibles en la aparición de Guadalupe.
El Niño Dios aún estaba en el vientre de Su Madre, no podía verse.
La corona de doce estrellas no aparecía sobre la cabeza de la Virgen, aunque, como ya vimos, según el patrón de las estrellas del manto, la Corona Boreal, invisible, quedaba exactamente sobre su frente.

Así fue como el Dr. Yagüe se planteó como nueva hipótesis que, si en Guadalupe había cosas no mostradas sino sólo latentes, debía buscar otra Aparición mariana que las tuviera explícitas.

Y al observar detenidamente las principales apariciones marianas descubrió que lo que aparece implícito en Guadalupe, está asombrosamente explícito en la aparición de Garabandal.