Garabandal

Las profecías de Garabandal

Las profecias
Aviso, Milagro y Castigo.

Sin duda alguna, uno de los aspectos relacionados con Garabandal que más ha dado qué hablar, y sobre el que más se ha especulado, es el de las profecías comunicadas por la Virgen a las pequeñas videntes: el Aviso, el Milagro y el Castigo. Ya en el primer mensaje, hecho público el 18 de octubre de 1961, la Virgen advertía: «Ya se está llenando la copa y, si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande». Pero esa noche, la multitud empapada por la persistente lluvia, que no cesó en toda la jornada, y decepcionada tras las muchas horas de espera, apenas atendió a la embajada de Nuestra Madre, pronunciada por los labios temblorosos de las niñas.

Poco a poco, a lo largo del año 1962 y a medida que la Virgen les fue dando permiso, las niñas continuaron completando la información. Conchita explica: «(La Virgen) me dijo que Dios iba a hacer un gran Milagro, y que no habría ninguna duda de que era un Milagro. Vendrá directamente de Dios, sin intervención humana. Verán que viene directamente de Dios».

Antes de ese gran «Milagro», habrá un «Aviso» sobrenatural para prepararnos. Las niñas explican: «Será una experiencia terrible, pero para el bien de nuestras almas. Veremos en el interior de nosotros mismos, en nuestra conciencia, el bien y el mal que hayamos hecho. El Aviso no tiene como finalidad el temor, sino que nos acerquemos más a Dios y tengamos más fe».

Pero, si después de esas dos grandes intervenciones divinas —el Aviso y el Milagro— la humanidad no cambia, vendrá un «Castigo». Vendrá para nuestro bien y vendrá para nuestra conversión, pero las niñas afirman: «El Castigo, si no cambiamos, será horrible». Conchita, Jacinta y Loli lo vieron, pero no tienen permiso de la Virgen ni siquiera para describirlo. La intensidad del Castigo está en estrecha relación con la respuesta que demos al Aviso y al Milagro.

Aviso, Milagro y Castigo tienen un objetivo muy claro: movernos a la conversión, al cambio de vida, a alcanzar lo que Nuestra Madre pedía en el primer mensaje: «Tenemos que ser muy buenos». Pero Aviso, Milagro y Castigo no son independientes de los mensajes que Nuestra Madre da en Garabandal. Hay muchos que, movidos fundamentalmente por la curiosidad, se esfuerzan por saber cuándo van a tener lugar estos acontecimientos y en qué van a consistir. Pero lo verdaderamente importante es vivir desde ya los mensajes, y hacer lo que Nuestra Madre nos pidió en ellos, buscando nuestra conversión y crecimiento espiritual a través de la oración y de la penitencia, de la meditación de la Pasión, de la intensificación de la vida eucarística… Nos jugamos mucho en esto, porque no será indiferente el estado espiritual en el que nos encontremos cuando lleguen Aviso, Milagro y Castigo. El mismo sol que ablanda la cera, endurece el barro. Así, el mismo Aviso, Milagro y Castigo que a unos arrancará lágrimas de arrepentimiento y amor, quizás a otros les precipitará en el abismo de un odio cegador contra Dios.

Aviso, Milagro y Castigo nacen de lo más profundo del Corazón misericordioso de Dios, y deben ser preparados y recibidos con un inmenso agradecimiento.

FUENTE: GARABANDAL LAS PROFECÍAS

 

¡COMO PRÍNCIPE DE LOS EJÉRCITOS CELESTIALES OS HAGO UNA LLAMADA, MILICIA TERRENAL, PARA QUE ESTÉIS LISTOS Y PREPARADOS, PORQUE LA HORA DEL COMBATE ESPIRITUAL EN VUESTRO MUNDO ESTA POR COMENZAR!

ENERO 15 2017 – 1: 20 P.M

 

LLAMADA URGENTE DE SAN MIGUEL Y LA MILICIA CELESTIAL AL PUEBLO DE DIOS

Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra paz a los hombres de buena voluntad. Quien como Dios, Quien como Dios, Quien como Dios. Aleluya, Aleluya, Aleluya

Hermanos en el amor de Dios, que la paz del Altísimo esté con vosotros y mi humilde intercesión y protección os acompañe

Días de batalla espiritual están llegando y a la inmensa mayoría de la humanidad va a coger sin estar preparada. La maldad y el pecado tienen cegada esta humanidad, viven en un letargo espiritual y de no despertar, os aseguro que muchos van a morir eternamente. Estamos hermanos en combate espiritual con las huestes del mal en los lugares celestes; dentro de poco estos combates se trasladarán a la tierra, porque será en ella, donde se librará la batalla final por vuestra libertad.

Como Príncipe de los Ejércitos Celestiales os hago un llamado Milicia Terrenal, para que estéis listos y preparados, porque la hora del combate espiritual en vuestro mundo está por comenzar. Que vuestra Armadura Espiritual esté aceitada con la oración y reforzada con el ayuno y la penitencia. Que el sellamiento con la Sangre del Divino Cordero, esté siempre con vosotros; que no os falte la invocación al Santo Espíritu, ni la protección y asistencia de nuestra Amada , Reina y Señora..

¡Mortales, llegó la hora de vuestra liberación; no os relajéis con la oración! Formad fortines con vuestros hermanos y manteneos firmes en la fe; llevando siempre en vuestras manos el poder del Santo Rosario, con el cual vais a salir victoriosos en el combate espiritual de cada día. Las horas nocturnas serán las más activas en la lucha espiritual; mi Padre va a tomar el espíritu de muchos de sus instrumentos para que combatan con la Milicia Celestial y conmigo a las fuerzas del mal en las horas de las tinieblas.

Hermanos, no olvidéis colocaros la Armadura Espiritual a mañana y noche, haciéndola extensiva a vuestros familiares, para que los espíritus malignos no puedan apoderarse de sus cuerpos. Os digo, el que se aparte de la oración y de Dios, va a correr el riesgo de perderse, si no hay quien ore por él. Hemos sido enviados a proteger el Pueblo de Dios, pero es vuestra responsabilidad espiritual, orar, ayunar y hacer penitencia. Acordaos que respetamos vuestro libre albedrío; si no oráis y os apartáis de Dios, no podremos libraros de los ataques del enemigo de vuestra alma.

Nuevamente os digo: no os acostéis sin vuestra Armadura Espiritual puesta, porque los demonios van a estar buscando cuerpos para apoderarse de ellos y llevar el combate a vuestros hogares. Haced de vuestros hogares fortalezas espirituales; que todo este sellado con la Sangre del Cordero de Dios, para que ninguna fuerza del mal pueda robaros la paz. Llevad siempre en vuestro cuello el poder del Rosario e imágenes y medallas benditas,

La Gracia

¿Qué es la gracia? Lo has estudiado y explicado muchas. veces. Pero Yo te lo quier explicar a mi modo en su naturaleza y en sus efectos.

La gracia es poseer en vosotros la luz, la fuerza, la sabiduría de Dios. Esto es posee a semejanza intelectual con Dios, el signo inconfundible de vuestra filiación con Dios.

Sin  la  gracia  seríais  simplemente  criaturas  animales,  llegadas  a  tal  punto  de evolución de estar proveídas de razón, con un alma, pero un alma a nivel de tierra capaz de guiarse en las contingencias de la vida terrena pero incapaz de elevarse a la regiones en las que se vive la vida del espíritu; por ello poco más que las bestias que se regulan solamente por el instinto y, en verdad, a menudo os superan con su modo de comportarse.

La gracia es por lo tanto un don sublime, el mayor don que Dios, mi Padre, os podía dar. Y os lo da gratuitamente porque su amor de Padre, por vosotros, es infinito como infinito es Él mismo. Querer decir todos lo atributos de la gracia significaría escribir un larga lista de adjetivos y sustantivos, y aún no explicarían todavía perfectamente qué e este don.

Recuerda solamente esto: la gracia es poseer al Padre, vivir en el Padre; la gracia es poseer al Hijo, gozar de los méritos infinitos del Hijo; la gracia es poseer al Espíritu Santo, disfrutar de sus siete dones. La gracia, en fin, es poseernos a Nosotros, Dios Uno y Trino, y tener alrededor de vuestra persona mortal las legiones de ángeles que nos adoran en vosotros.

Un alma que pierde la gracia lo pierde todo. Inútilmente para ella el Padre la ha creado, inútilmente para ella el Hijo la ha redimido, inútilmente para ella el Espíritu Santo le ha infundido sus dones, inútilmente para ella están los Sacramentos. Esta muerta. Ramo podrido que bajo la acción corrosiva del pecado se separa y cae de árbol vital y termina de corromperse en el barro. Si un alma supiera conservarse com es después del Bautismo y después de la Confirmación, esto es cuando ella esta embebida literalmente de la gracia, aquel alma sería poco menor a Dios. Yo .que esto te  diga todo.

Cuando leéis los prodigios de mis santos os sorprendéis. Pero, querida mía, no ha nada de asombroso. Mis santos eran criaturas que poseían la gracia, eran dioses, po esto, porque la gracia os deifica. ¿Acaso no lo he dicho Yo en mi Evangelio que lo íos harán los mismos prodigios que Yo hago? Pero para ser míos es necesario. vivir de mi Vida, esto es de la vida de la gracia.

Si quisierais, todos podríais ser capaces de prodigios, esto es de santidad. Mejo dicho, Yo quisiera que lo fuerais porque entonces querría decir que mi Sacrificio ha sido coronado por la victoria y que realmente Yo os he arrancado del imperio del Maligno desterrándole a su Infierno, remachando su boca con una piedra inamovible y poniendo sobre ella el trono de mi Madre, que fue la Única que tuvo su calcañal sobre el dragón impotente para dañarle.

No todas las almas en gracia poseen la gracia en la misma medida. No porque Nosotros se la infundamos en medida distinta, sino porque de distinta manera la sabéis conservar  en  vosotros.  El  pecado  mortal  destruye  la  gracia,  el  pecado  venial resquebraja, las imperfecciones la debilitan. Hay almas, no del todo malas, que languidecen en una tisis espiritual porque, con su inercia, que las empuja a cometer continuas imperfecciones,  enflaquecen  cada  vez  más  la  gracia,  haciéndola  un  hilo debilísimo, una llamita languidecente. Mientras debería ser un fuego, un incendio vivo bello, purificador. El mundo se derrumba porque se derrumba la gracia en casi la totalidad de las almas y en las demás languidece.

La gracia da frutos distintos según esté más o menos viva en vuestro corazón. Un tierra es más fértil cuanto más rica es de elementos y beneficiada por el sol, por el agua, por las corrientes aéreas. Hay tierras estériles, secas, que inútilmente viene regadas por el agua, calentadas por el sol, agitadas por los vientos. Lo mismo es en la almas. Hay almas que con cada estudio se cargan de elementos vitales y por ello ogran disfrutar el cien por cien de los efectos de la gracia.

Los elementos vitales son: vivir según mi Ley, castos, misericordiosos, humildes amorosos de Dios y del prójimo; es vivir de oración “viva”. Entonces la gracia crece florece, echa raíces profundas y se eleva en árbol de vida eterna. Entonces el Espíritu Santo, como un sol, inunda con sus siete rayos, de sus siete dones; entonces Yo, Hijo os  penetro  con  la  lluvia  divina  de  mi  Sangre;  entonces  el  Padre  os  mira  con complacencia   viendo   en   vosotros   su   semejanza;   entonces   María   os   acaricia estrechándoos contra su seno en el que me ha llevado a Mí como a sus hijitos menores pero queridos, queridos por su Corazón; entonces los nueve coros angélicos hace corona a vuestra alma templo de Dios y cantan el “Gloria” sublime; entonces vuestra suerte es Vida y vuestra Vida es bienaventuranza en mi Reino» .

Jesús a María Valtorta

MARÍA VALTORTA  CUADERNOS DEL 1943

Divina Misericordia
Eucaristía

 

«Si mi Carne es realmente alimento y mi Sangre es realmente bebida, ¿cómo es que vuestras almas mueren de inanición? ¿Cómo es que no crecéis en la vida de la gracia? Hay muchos para los cuales es como si mis iglesias no tuvieran sagrario. Son aquellos que me han renegado y olvidado. Pero también hay muchos que se alimentan de Mí. Y tampoco progresan. Mientras en otros, en cada unión conmigo Eucaristía, hay un crecimiento de gracia. Te explicaré las causas de estas diferencias. .

Están los perfectos que me buscan únicamente porque saben que mi alegría es ser acogido en el corazón de los hombres y que no tienen mayor alegría que llegar a ser una sola cosa conmigo. En éstos el encuentro eucarístico se hace fusión, y es tan fuerte el ardor que de Mí emana y que de ellos brota, que como dos metales en un crisol llegamos a ser una sola cosa. Naturalmente más perfecta es la fusión tanto más la criatura recibe mi sello, mis propiedades, mis bellezas. Así saben unirse a Mí aquellos que después vosotros llamáis “Santos”, o sea los perfectos que han entendido quién soy Yo. Pero en todas las almas que vienen a Mí con verdadera pasión y puro corazón Yo aporto gracias indecibles y comunico mi gracia, de modo que ellas avanzan por el camino de la Vida y aunque no alcanzaran una santidad clamorosa, reconocida por el mundo, siempre alcanzan la vida eterna, porque quien está en Mí tiene vida eterna. Para todas las almas que saben venir a Mí con el ardor de los primeros y con la confianza de los segundos y que me dan todo cuanto está en su poder dar, o sea todo el amor de que son capaces, Yo estoy dispuesto a cumplir prodigios de milagros con tal de unirme a ellas. El cielo más bello para Mí está en el corazón de las criaturas que me aman. Por ellas, aunque la rabia de Satanás destruyera todas las iglesias, Yo sabría descender, en forma eucarística, de los Cielos. Y mis ángeles me llevarían a las almas hambrientas de Mí, Pan vivo que desciende del Cielo. No es por otra parte algo nuevo. Cuando la fe era todavía llama de amor vivo Yo he sabido ir a almas seráficas enterradas en las ermitas o en las celdas muradas. No hacen falta catedrales para contenerme. Me basta un corazón que consagre el amor. Incluso la más grande y espléndida catedral es siempre demasiado estrecha y pobre para Mí, Dios que colmo de Mí todo cuanto existe. La obra humana está sujeta a las limitaciones de lo humano y Yo soy infinito. En cambio no me es pequeño y pobre vuestro corazón si la caridad lo enciende. Y la más hermosa catedral es vuestra alma habitada por Dios. Dios está en vosotros cuando vosotros estáis en gracia. Y se quiere hacer un altar de vuestro corazón. En los primeros tiempos de mi Iglesia no existían las catedrales, pero Yo tenía un trono digno de  Mí en el corazón de cada cristiano.

Después están quienes vienen a Mí solamente cuando la necesidad les empuja o el miedo les azuza. Entonces vienen a llamar al Sagrario que se abre, concediendo siempre consuelo, frecuentemente, si es útil, la gracia pedida. Pero quisiera que el hombre no viniera a Mí solamente para pedir sino también para dar.
Luego vienen aquellos que se acercan a la Mesa, donde Yo me hago alimento, por costumbre. En éstos los frutos del Sacramento duran ese poco tiempo que duran las Especies y después desaparecen. No poniendo ningún latido en su venir a Mí, no progresan en la vida del espíritu que es esencialmente vida de caridad. Yo soy Caridad y traigo caridad, pero mi caridad languidece en estas almas tibias que nada logra calentar más.

Otra categoría, la de los fariseos. Existen también ahora; es una gramilla que no muere. Éstos aparecen ardientes pero están más fríos que la muerte. Siempre iguales a quienes me condenaron a muerte vienen, poniéndose bien a la vista, hinchados de soberbia, saturados de falsedad, seguros de poseer la perfección, sin misericordia más que para ellos mismos, convencidos de ser ejemplo para el mundo. En cambio son los que escandalizan a los pequeños y se alejan de Mí porque su vida es una antítesis de la que debería ser y su piedad es de forma pero no de sustancia, y se transforma, apenas se alejan del altar, en dureza hacia los hermanos. Éstos comen su condenación porque Yo perdono muchas cosas, conociendo vuestra debilidad, pero no perdono la falta de caridad, la hipocresía, la soberbia. De estos corazones Yo huyo lo antes posible.

Considerando estas categorías es fácil entender por qué la Eucaristía no ha hecho todavía del mundo un Cielo como debería haber hecho. Sois vosotros quienes obstaculizáis este adviento de amor que os salvaría singularmente y como sociedad. Si realmente os nutrierais de Mí con el corazón, con el alma, con la mente, con la voluntad, con la fuerza, con la inteligencia, en suma con todas vuestras potencias, cesarían los odios, y con los odios las guerras, no existirían más fraudes, ni calumnias, ni las pasiones desordenadas que crean los adulterios y con éstos los homicidios, el abandono y la abolición de los inocentes. El perdón recíproco estaría no en los labios, sino en los corazones de todos, y seríais perdonados por mi Padre. Viviríais como ángeles pasando vuestros días adorándome en vosotros e invocándome para la próxima venida. Mi constante presencia en vuestro pensamiento os tendría alejados del pecado, el cual siempre empieza por un laborío del pensamiento que después se traduce en acto. Pero del corazón hecho Sagrario no saldrían más que pensamientos sobrenaturales y la tierra sería santificada. La tierra se convertiría en un altar, un enorme altar preparado para acoger la segunda venida de Cristo, Redentor del mundo».

 

Dice Jesús a María Valtorta

Diario de 1943

10 de Junio

Divina Misericordia

MI CASA ES CASA DE ORACIÓN

Carta íntegra del cardenal Cañizares

 

Cardenal, Antonio Cañizares

 

Queridos hermanos sacerdotes, queridos todos: Os escribo esta carta con todo cariño y con la normal preocupación y máximo interés de que los templos –catedral, basílicas, iglesias parroquiales, capillas, ermitas con culto habitual,…-sean casas de oración y no se conviertan o convirtamos en lugares profanos.

Así, con esta preocupación y celo de Hijo de Dios, se expresaba y actuaba Jesús en el templo de Jerusalén viendo en qué habían convertido la casa de Dios. Hemos de insistir en la catequesis el sentido o significado del templo como morada de Dios y lugar de encuentro con Él, de adoración, de escucha de su Palabra, de celebración de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía para la que se reúne la asamblea cristiana, como señala bella y precisamente el Ritual de Dedicación de Iglesias.

 

Vengo observando, desde hace tiempo, que es necesario esforzarnos todos en que las iglesias o templos sean de verdad casas de oración, que inviten a la adoración a Dios y a escucharle, a la contemplación y gozar de su presencia: sólo Él debe importarnos y solo a Él debemos la gloria y la alabanza que merece. Por esto, además del cuidado material de los templos con limpieza, belleza, orden, ornato debido, iluminación adecuada, sonoridad buena, habrá que cuidar muchísimo el silencio. Ya hice alguna advertencia sobre el silencio en mi Carta Pastoral sobre la Eucaristía “Haced esto en memoria mía”. A ella me remito. Pero quiero insistir aún más en el silencio debido para la oración, la escucha de la Palabra, para la adoración y la contemplación, para el recogimiento necesario, para el encuentro con Dios y consigo mismo. Este silencio se ve alterado con excesiva frecuencia e indebidamente en el rito de la paz, también al final de la celebración, y a veces incluso al entrar en el templo.

Cuando yo era niño, mis padres y maestros me enseñaron a guardar silencio en el templo. Cuando íbamos a llegar al templo parroquial mis padres nos hacían bajar la voz y cuando pasábamos el umbral de la puerta nos indicaban el silencio; ya dentro, nos arrodillábamos y rezábamos una oración, después, durante la Misa, guardábamos las posturas que correspondían con toda devoción y respeto. ¿Exagerados mis padres?. Todo lo contrario. Me enseñaron a estar ante el Misterio con asombro y admiración, en silencio y recogimiento como corresponde: nunca les agradeceré que me educaran así; ahora, sin embargo, algunos entran en el templo como en cualquier otra casa, -sin saludar siquiera al “Dueño” de la casa-, o en cualquier sala dispuestos al espectáculo, se sigue hablando como en la calle, se sientan de inmediato al entrar, no se entra en un clima de silencio, se sigue en otras cosas. Llega el momento de  la paz y se arma un lío un rumor, a veces poco respetuoso, y al final de la celebración el “guirigay” que se arma es el que es y como es. Pido a sacerdotes y a todos los fieles que procedan de otra manera, como pide el respeto al templo, a la celebración; al misterio que allí acontece y a la preparación debida que exige ese misterio, que se guarde la compostura debida.

Me permito llamar la atención sobre otra cosa: el vestido con el que se entra en el templo. Infinidad de veces algunos o algunas entran con vestidos inadecuados o indecorosos con el respeto que se debe a la casa de Dios. Cuando uno va a la ópera, por poner un ejemplo, no va de cualquier manera o de forma inadecuada, ¿por qué en los templos sí que se permite entrar y estar inadecuadamente? No es raro, por ejemplo, que en la catedral, o en otro templo de valor artístico encontrarse con personas inadecuadamente vestidas. Habría que advertir con carteles que llamen la atención de qué manera se puede entrar en el templo y de qué manera no, como hacen por ejemplo en la basílica de San Pedro en Roma. Si alguien entra de forma inadecuada o indecorosa habría que invitarle con educación a que se retirase, se cambiase o pusiese otro vestido y que después venga al templo, pero lo que no puede ser es esa falta de respeto.

También me permito llamar la atención sobre las fotografías, sobre todo al finalizar la celebración, bien sea de primeras comuniones, o de bautismos o de confirmaciones, o de matrimonios. El jaleo que se arma, la falta de respeto y lo que queráis que se origina en esos momentos rompe con todas las reglas de cómo comportarse en el templo; en eso debo reconocer que yo soy el primero en sucumbir en esto y me temo que mis hermanos Obispos lo mismo. Hemos de poner muchísimo más cuidado; se pueden hacer las cosas de otra manera y bien, sin impedir el recuerdo que comprendo es grato conservar en fotografía. Se pueden hacer fotografías, es normal que se quiera. Pero, por supuesto no podemos convertir el templo en un salón de fotografía, ni tampoco en unos momentos de devaneo y frivolidad.

También me permito llamar vuestra atención a cómo nos comportamos al pasar delante del sagrario; a veces se pasa ante el sagrario como si tal cosa, sin hacer reverencia alguna ni genuflexión que es lo debido. Los chicos pasan ante el sagrario sin percatarse de que en él está Jesús presente sacramentado. Hay que educarlos, también hay que educar a los mayores.    .

En  las celebraciones de la Eucaristía toda la asamblea, salvo las personas impedidas por causas razonables, ha de seguir las posturas que señalan los libros litúrgicos y que yo mismo recordé en una Carta Pastoral sobre la Eucaristía : “Haced esto en conmemoración mía”.

En esta misma carta os recordaba cómo debe darse la paz y cómo se debe comulgar. Os confieso que hay veces que se pasa muy mal viendo cómo se acercan algunos, sin ningún recogimiento y devoción, sin ningún gesto de adoración, como quien coge una galleta o algo semejante. Insisto en lo que ya dije en la citada carta sobre la Eucaristía: se puede comulgar en la boca directamente o en la mano para después llevarse el Cuerpo de Cristo a la boca, pero he de añadir que la forma más consonante con el misterio del Cuerpo de Cristo que se recibe es comulgar de rodillas y en la boca. No soy retrógrado en eso, sino que señalo qué es lo más acorde con la comunión.

Por último, los templos han de ser respetados en lo que son y ser utilizados para lo que son. Todos hemos visto mal el que en Cataluña se hayan utilizados los templos, por ejemplo, para poner urnas o para recuento de votos. Y ¿vemos tan tranquilamente, sin inmutarnos, incluso con cierto regusto –no sé si por snobismo o por qué-  el que se usen los templos, con la mejor buena intención pero sin cabeza, para otros usos, para los que se puede contar con otros locales, claro está salvo casos de emergencia o de necesidad? Con respecto a esto debo decir por fidelidad y respeto a lo que es el  templo que prohíbo terminantemente otros usos profanos que, salvo casos de emergencia o necesidad mayor o perentoria, así lo recomienden y esto con autorización, al menos, del Vicario de Zona. No contribuyamos a la secularización, la secularización interna de la Iglesia que es la más grave de todas.

No me toméis a mal lo que os digo; es para vuestro bien y el bien de las nuevas generaciones y de la Iglesia. Hacedme caso y colaborar conmigo, con las directrices de la Iglesia. No olvidemos jamás las palabras del mismo Jesús, llevado de todo su celo de Hijo por la gloria del Padre, en toda su hondura y gravedad: “Mi casa es casa de oración”. Contribuiremos si lo hacemos así conforme a las indicaciones que os ofrezco a ir superando la secularización tan grande que padecemos y que es necesario superar. De esta manera contribuimos al culto en “espíritu y verdad”, que nos dice Jesús, y a cumplir lo que manda el Primer mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas.

Con mi bendición y afecto para todos

Valencia, 3 de enero, 20018, Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús

Centenario de las Apariciones

y

Betificación de los pastorcillos

Santos, Jacinta y Francisco

MI INMACULADO CORAZÓN TRIUNFARÁ

Esta es una de las frases célebres del secreto de sor Lucía, uno de los tres pastorcitos que contemplaron a la Virgen en Fátima, hace cien años. He aquí un fragmento de la reflexión que hizo el entonces cardenal Joseph Ratzin­ ger (futuro Benedicto XVI) en el año 2000.
¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios,es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo (…) porque gra­ cias a este «SÍ» Dios pudo hacerse hombre (…) y así permanece ahora y para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimenta­ mos continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios. Pero desde que Dios mismo tiene un corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre ha­ cia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: «Padece­ réis tribulaciones en el mundo, pero tened confian­ za; yo he vencido al mundo» (Juan 16, 33). El men­ saje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa.
¡Oh dulce Corazón de María, sed la salva­ción mía!

Lección sobre los Sacramentos

y

predicciones sobre la Iglesia.

Estoy en otro monte, más poblado aún de bosques, no lejos de Nazaret (a la que lleva un camino que bordea la base delmonte). Jesús los invita a sentarse en círculo: más cerca, los apóstoles; detrás de éstos, los discípulos (los que, de los setenta ydos, no se habían desperdigado yendo a distintos lugares), más Zacarías y José. Margziam está a sus pies, en una posición deprivilegio.
Jesús, en cuanto se sientan y se callan y están todos atentos a sus palabras, empieza a hablar. Dice:
-Prestadme toda vuestra atención porque os voy a decir cosas de suma importancia. Todavía no las comprenderéis todas, ni todas bien. Pero Aquel que vendrá después de mí os las hará comprender. Escuchadme, pues.Nadie está más convencido que vosotros de que sin la ayuda de Dios el hombre peca fácilmente, pues es debilísima su constitución, debilitada por el Pecado. Sería, entonces, un Redentor imprudente si, después de haberos dado tanto para redimiros, no diera también los medios para conservaros en los frutos de mi Sacrificio. Sabéis que toda la facilidad para pecar viene de la Culpa, que, privando de la Gracia a los hombres, los despoja de su fortaleza, que está en la unión con la Gracia.

Habéis dicho:

“Pero Tú has devuelto la Gracia”.

No. Ha sido devuelta a los justos hasta mi Muerte. Para devolvérsela a los próximos se requiere un medio. Un medio que no será solamente una figura ritual, sino que imprimirá verdaderamente en quien lo reciba el carácter real de hijo de Dios, cuales eran Adán y Eva, cuya alma, vivificada por la Gracia, poseía dones excelsos que Dios había dado a su amada criatura.
Vosotros sabéis lo que tenía el Hombre y lo que perdió el hombre. Ahora, por mi Sacrificio, las puertas de la Gracia están de nuevo abiertas, y el río de la Gracia puede descender hacia todos los que la piden por amor a mí. Por eso, los hombres tendrán el carácter de hijos de Dios por los méritos del primogénito de los hombres, por los méritos de quien os habla, vuestro
Redentor, vuestro Pontífice eterno, vuestro Hermano en el Padre, vuestro Maestro. Desde Jesucristo y por Jesucristo, los hombres presentes y futuros podrán poseer el Cielo y gozar de Dios, fin último del hombre. Hasta ahora, ni los justos más justos, aunque estuvieran circuncidados como hijos del pueblo elegido, podían alcanzar este fin. Dios consideraba sus virtudes, sus lugares estaban preparados en el Cielo, pero éste les estaba vedado, y negado les era el gozar de Dios porque en sus almas, jardines benditos florecidos con toda suerte de virtudes, estaba también el árbol maldito
de la Culpa original, y ninguna obra, por santa que fuera, podía destruirlo, y no es posible entrar en el Cielo con raíces y frondas de tan maléfico árbol. El día de la Parasceve, el suspiro de los patriarcas y profetas y de todos los justos de Israel se aplacó en el gozo de la Redención cumplida, y 1as almas, más blancas que nieve montana hasta donde alcanzaba su virtud, se vieron libres incluso de la única Mancha que las mantenía apartadas del Cielo. Pero el mundo continúa. Generaciones y más generaciones surgen y surgirán. Pueblos y más pueblos vendrán a Cristo.

¿Puede Cristo morir para cada nueva generación, para salvarla, o para cada pueblo que a Él venga?

 

No. Cristo ha muerto una vez y no volverá a morir jamás, en, toda la eternidad. ¿Habrá de suceder, pues, que estas generaciones, estos pueblos, se hagan sabios por mi Palabra pero no posean el Cielo ni gocen de Dios, por estar heridos por la Mancha original? Tampoco. No sería justo, ni para ellos, pues vano sería su amor a mí, ni para mí, pues por demasiado pocos habría muerto.

¿Y entonces? ¿Cómo conciliar estas cosas distintas? ¿Qué nuevo milagro hará Cristo -que ya ha hecho muchos- antes de dejar el mundo para ir al Cielo, después de haber amado a los hombres hasta querer morir por ellos?

Ya ha hecho uno, dejándoos su Cuerpo y su Sangre para alimento fortalecedor y santificador y para recuerdo de su amor; y os ha mandado que hagáis lo que Él hizo para recuerdo suyo y como medio santificador para los discípulos, y para los discípulos de los discípulos, hasta el final de los tiempos.

Pero, aquella noche, purificados ya vosotros externamente, ¿os acordáis lo que hice? Me ceñí una toalla y os lavé lospies.

Y, a uno de vosotros, que se escandalizaba de aquel gesto demasiado humillante, 1e dije:

“Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”.

No entendisteis lo que quería decir, ni de qué parte hablaba, ni qué símbolo estaba poniendo. Pues bien, os lo digo.
Además de haberos enseñado la humildad y la necesidad de ser puros para entrar a formar parte del Reino mío, además de haberos hecho observar benignamente que Dios, de uno que es justo, y por tanto puro en su espíritu y en su intelecto, exige únicamente una última purificación – de aquella parte que, necesariamente, más fácilmente se contamina incluso en los justos, quizás sólo polvo que la necesaria convivencia con los hombres deposita en los miembros limpios, en la carne-, además de estas cosas, enseñé otra. Os lavé los pies, la parte inferior del cuerpo, la que va entre barro y polvo, a veces incluso entre inmundicias, para significar la carne, la parte material del hombre, la cual tiene siempre -excepto en los sin Mancha original, o por obra de Dios o por naturaleza divina (María Stma. por obra de Dios y Jesús por naturaleza divina) – imperfecciones, a veces tan mínimas que sólo Dios las ve, pero que verdaderamente deben ser vigiladas, para que no cobren fuerza y se transformen en hábito natural, y deben ser agredidas para ser extirpadas.
Os lavé los pies, pues.

¿Cuándo?

Antes de la fracción del pan y el vino transubstanciados en mi Cuerpo y en mi Sangre. Porque Yo soy el Cordero de Dios y no puedo descender a donde Satanás tiene puesta su huella. Así pues, primero os lavé; luego me di a vosotros. También vosotros lavaréis con el Bautismo a los que vengan a mí, para que no reciban indignamente mi Cuerpo y no se transforme en tremenda condena de muerte.
Os estremecéis. Os miráis. Con las miradas os preguntáis: “¿Y Judas, entonces?”. Os digo: “Judas comió su muerte”. El supremo acto de amor no le tocó el corazón. El extremo intento de su Maestro chocó contra la piedra de su corazón, y esa piedra, en lugar de la Tau, llevaba grabada la horrenda sigla de Satanás., la señal de la Bestia. Así pues, os lavé antes de admitiros al banquete eucarístico, antes de escuchar la confesión de vuestros pecados, antes de infundiros el Espíritu Santo y, por tanto, el carácter de verdaderos cristianos reconfirmados en Gracia, y de Sacerdotes míos.
Hágase, pues, así con aquellos a quienes debéis preparar para la vida cristiana.
Bautizad con agua en el Nombre del Dios uno y trino y en mi Nombre y por mis méritos infinitos, para que sea borrada de los corazones la Culpa original, sean perdonados los pecados, sean infundidas la Gracia y las santas Virtudes, y el Espíritu Santo pueda descender a morar en los templos consagrados que serán los cuerpos de los hombres que viven en la gracia del Señor.

¿Era necesaria el agua para borrar el Pecado?

El agua no toca al alma, no. Pero tampoco el signo inmaterial toca la vista del hombre, tan material en todas sus acciones. Bien podía Yo infundir la Vida sin el medio visible. Pero ¿quién lo habría creído? ¿Cuántos son los hombres que saben creer firmemente si no ven? Tomad, pues, de la antigua Ley mosaica el agua lustral (Números 19, 17-22), usada para purificar a los impuros y admitirlos de nuevo, cuando se habían contaminado con un cadáver, en los campamentos.

Es verdad, todo hombre que nace está contaminado al tener contacto con un alma muerta a la Gracia. Sea, pues, ésta, con el agua lustral, purificada del contacto impuro y hágasela digna de entrar en el Templo eterno. Y tened estima por el agua… Después de haber expiado y redimido con treinta y tres años de vida fatigosa culminada en la Pasión, y después de haber dado mi Sangre por los pecados de los hombres fueron extraídas del Cuerpo desangrado e inmolado del Mártir las aguas saludables para lavar la Culpa original. Con el Sacrificio consumado, Yo os he redimido de aquella mancha.

Si en el umbral de la muerte un milagro mío divino me hubiera hecho descender de 1a cruz, en verdad os digo que, por la sangre derramada habría purificado las culpas, pero no la Culpa.

Para ésta ha sido necesaria la consumación total. En verdad, las aguas saludables de que habla Ezequiel (Ezequiel 47, 1-12) han salido de este Costado mío. Sumergid en él a las almas. Que salgan de él inmaculadas para recibir al Espíritu Santo que, en memoria de aquel soplo que el Creador espiró en Adán para darle el espíritu y, por tanto, la imagen y semejanza con Él, volverá a soplar y a morar en los corazones de los hombres redimidos. Bautizad con mi Bautismo, pero en el Nombre del Dios trino. Porque, en verdad, si el Padre no hubiera querido y el Espíritu no hubiera actuado, el Verbo no se habría encarnado y vosotros no habríais recibido Redención. Por lo cual, es cuestión de justicia y de deber el que todo hombre reciba la Vida por Aquellos que se han unido en querérsela dar, nombrándose al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en el acto del Bautismo, que de mí tomará el nombre de cristiano para diferenciarlo de los otros, pasados o futuros, los cuales serán rito: pero no signos indelebles en la parte inmortal. Y tomad el Pan y el Vino como Yo hice, y, en mi Nombre, bendecid, fraccionad y distribuid; y se nutran de mí los cristianos. Y haced del Pan y del Vino una ofrenda al Padre de los Cielos, inmolándola después en memoria del Sacrificio que Yo ofrecí y llevé a cabo en 1a Cruz por vuestra salvación. Yo, Sacerdote y Víctima, por mí mismo me ofrecí y sacrifiqué, no pudiendo ninguno, si Yo no hubiera querido, hacer esto de mí. Vosotros, mis Sacerdotes, haced esto en memoria mía y para que los tesoros infinitos de mi Sacrificio suban impetradores a Dios y desciendan propicios sobre todos aquellos que lo invocan con fe segura.
Fe segura, he dicho. No se exige ciencia para gozar del eucarístico Alimento y del eucarístico Sacrificio, sino fe. Fe en que en ese pan y en ese vino que uno, autorizado por mí y por los que después de mí vendrán -vosotros: tú, Pedro, Pontífice nuevo de la nueva Iglesia; tú, Santiago de Alfeo; tú, Juan; tú, Andrés; tú, Simón; tú, Felipe; tú, Bartolomé; tú, Tomás; tú, Judas Tadeo; tú, Mateo; tú, Santiago de Zebedeo-, consagre en mi Nombre es mi verdadero Cuerpo, mi verdadera Sangre; y fe en que quien se nutre de ellos me recibe en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; y fe en que quien me ofrece, ofrece realmente a Jesucristo como Él se ofreció por los pecados del mundo. Un niño o un ignorante me pueden recibir al igual que pueden hacerlo un adulto y una persona docta. Y el Sacrificio ofrecido aportará a un niño o a un ignorante los mismos beneficios que a cualquiera de vosotros. Basta con que en ellos haya fe y gracia del Señor.
Pero vosotros vais a recibir un nuevo Bautismo, el del Espíritu Santo. Os lo he prometido y se os dará. El propio Espíritu Santo descenderá sobre vosotros. Ya os diré cuándo. Y quedaréis repletos de Él, con la plenitud de los dones sacerdotales. Podréis, por tanto, como he hecho Yo con vosotros, infundir el Espíritu Santo de que estaréis repletos, para confirmar en gracia a los cristianos e infundir en ellos los dones del Paráclito. Sacramento regio poco inferior al Sacerdocio Éxodo 29, 1-35; Levítico 8) .Que tenga la solemnidad, pues, de las consagraciones mosaicas con la imposición de las manos y la unción con óleo perfumado, en el pasado usado para consagrar a los Sacerdotes. ¡No, no os miréis tan asustados! ¡No estoy diciendo palabras sacrílegas! ¡No os estoy enseñando un acto sacrílego! La dignidad del cristiano es tal, que, lo repito, en poco es inferior a un sacerdocio. ¿Dónde viven los sacerdotes? En el Templo. Y un cristiano será un templo vivo. ¿Qué hacen los sacerdotes? Sirven a Dios con oraciones, con sacrificios y cuidando de los fieles. Esto hubieran debido hacer… Y el cristiano servirá a Dios con la oración y el sacrificio y con la caridad fraterna. Y escucharéis la confesión de los pecados, así como Yo he escuchado los vuestros y los de muchos, y he perdonado donde he visto verdadero arrepentimiento. ¿Os inquietáis? ¿Por qué? ¿Tenéis miedo de no saber distinguir? He hablado otras veces sobre el pecado y sobre el juicio acerca del pecado. Y, al juzgar, acordaos de meditar en las siete condiciones por las que una acción puede ser o no pecado, y de distinta gravedad. Resumo. ¿Cuándo se ha pecado y cuántas veces?, ¿quién ha pecado?, ¿con quién?, ¿con qué?, ¿cuál es la materia del pecado?, ¿cuál la causa?, ¿por qué se ha pecado? Pero no temáis. El Espíritu Santo os ayudará. Eso sí, con todo mi corazón os conjuro que observéis una vida santa, la cual aumentará de tal manera en vosotros las luces sobrenaturales, que llegaréis a leer sin error el corazón de los hombres y podréis, con amor y autoridad, declarar a los pecadores, temerosos de revelar su pecado o rebeldes para confesarlo, el estado de su corazón, ayudando a los tímidos y humillando a los impenitentes.

Recordad que la Tierra pierde al Absolvedor y que vosotros debéis ser lo que Yo era: justo, paciente, misericordioso, pero no débil. Os he dicho: lo que desatéis en la Tierra quedará desatado en el Cielo y lo que aquí atéis quedará atado en el Cielo. Por tanto, con sopesada reflexión juzgad a cada uno de los hombres sin dejaros corromper por simpatías o antipatías, por regalos o amenazas; imparciales en todo y para todos como es Dios, teniendo presentes la debilidad del hombre y las insidias de los enemigos. Os recuerdo que algunas veces Dios permite también las caídas de sus elegidos; no porque le guste verlos caer, sino porque de una caída puede resultar un bien futuro mayor. Tended, pues, la mano a quien cae, porque no sabéis si esa caída puede ser la crisis que remedia una enfermedad que para siempre termina, dejando en la sangre una purificación que produce salud, en nuestro caso: que produce santidad. Sed, por el contrario, severos con los que no tengan respeto hacia mi Sangre y acabada de lavar su alma por el lavacro divino, se arrojen al cieno una y cien veces. No los maldigáis, pero sed severos. Exhortadlos. Reciban vuestro llamamiento setenta veces siete.

Recurriréis al extremo castigo de separarlos del pueblo elegido sólo cuando su pertinacia en un pecado que escandalice a los hermanos os obligue a actuar para no haceros cómplices de sus acciones. Recordad lo que dije:

“Si tu hermano ha pecado, corrígelo a solas. Si no te escucha, corrígelo ante dos o tres testigos. Si esto no basta, ponlo en conocimiento de la Iglesia. Si no escucha ni siquiera a la Iglesia, considéralo como un gentil y un publicano”.

En la religión mosaica el matrimonio es un contrato (Tobías 7, 14). Que en la nueva religión cristiana sea un acto
sagrado e indisoluble, sobre el cual descienda la gracia del Señor para hacer de los cónyuges dos ministros suyos en la propagación de la especie humana. Tratad desde los primeros momentos de aconsejar al cónyuge procedente de la nueva religión que induzca al cónyuge que aún se halla fuera del número de los fieles a entrar a formar parte de este número, para evitar esas dolorosas divisiones de pensamiento, y consiguientemente de paz, que hemos observado incluso entre nosotros. Pero, cuando se trate de fieles en el Señor, que por ninguna razón se desuna aquello que Dios ha unido. Y en el caso de una parte que se encuentre, siendo cristiana, unida a otra parte gentil, aconsejo que aquélla lleve su cruz con paciencia y mansedumbre, y también con fortaleza, hasta el de saber morir por defender su fe, pero sin abandonar al cónyuge al que se ha unido con su pleno consenso. Éste es mi consejo para una vida más perfecta en el estado matrimonial, mientras no sea posible -lo será con la difusión del cristianismotener matrimonios de fieles. Entonces sagrado e indisoluble ha de ser el vínculo, y santo el amor. Malo sería el que, por la dureza de los corazones, se diera en la nueva fe lo que se dio en la antigua: la permisión del repudio y de la separación para evitar escándalos creados por la libídine del hombre (Deuteronomio 24, 1-4). En verdad os digo que todos deben llevar su cruz en todos los estados, y también en el matrimonial. Y también os digo en verdad que ninguna presión debe doblegar vuestra autoridad que afirme: “No es lícito” a aquel que quiera pasar a nuevo desposorio antes de que uno de los cónyuges haya muerto. Os digo que es mejor que una parte corrompida se separe -ella sola o seguida por otrosantes que concederle, por retenerla en el Cuerpo de la Iglesia, algo que sea contrario a la santidad del matrimonio, escandalizando a los humildes y poniéndolos en la tesitura de hacer consideraciones desfavorables a la integridad sacerdotal y sobre el valor de la riqueza o el poder. Acto serio y santo son las nupcias. Y para mostrar esto estuve en una boda, y allí realicé el primer milagro. Pero, ¡ay si degeneran en libídine y capricho! El matrimonio, contrato natural entre el hombre y la mujer; que se eleve de ahora en adelante a contrato espiritual por el cual las almas de dos que se amen juren servir al Señor en un amor recíproco ofrecido a Él en obediencia a su imperativo de procreación para dar hijos al Señor. Otra cosa… Santiago, ¿recuerdas lo que hablamos en el Carmelo? Desde entonces te he venido hablando. Pero los otros ignoran esto… Visteis a María de Lázaro ungir mis miembros en la cena del sábado en Betania. En esa ocasión os dije: “Ella me ha preparado para la sepultura”. En verdad lo hizo. No para la sepultura -ella creía que ese dolor estaba aún lejano-, pero sí para purificar mis miembros de todas las impurezas del camino, para ungirlos y así subiera perfumado con óleo balsámico al trono. La vida del hombre es un camino. La entrada del hombre en la otra vida debería ser la entrada en el Reino. A todo rey se le unge y perfuma antes de subir a su trono y mostrarse a su pueblo. También el cristiano es un hijo de rey, que recorre su camino en dirección al reino a donde el Padre lo llama. La muerte del cristiano no es sino la entrada en el Reino para subir al trono que el Padre le ha preparado. La muerte -para aquel que, sabiendo que está en su gracia, no teme a Dios- no infunde espanto. Ahora bien, purifíquese de todo residuo el cuerpo de aquel que deba subir al trono, para que se conserve hermoso para la resurrección; y purifíquesele el espíritu, para que resplandezca en el trono que el Padre le ha preparado para que aparezca con la dignidad que corresponde al hijo de tan gran rey. Aumento de la Gracia, cancelación de los pecados de que el hombre tenga pleno arrepentimiento, suscitación de ardoroso deseo del Bien, comunicación de fuerza para el combate supremo: esto ha de ser la unción que se dé a los moribundos cristianos; o, dicho más propiamente, a los cristianos que estén para nacer, porque en verdad os digo que el que muere en el Señor nace a la vida eterna. Repetid el gesto de María en los miembros de los elegidos. Y que ninguno lo considere indigno de él. Yo acepté de manos de una mujer aquel óleo balsámico. Que todo cristiano se sienta honrado considerándolo una gracia suprema que le viene de la Iglesia de la que es hijo, y que lo acepte del sacerdote para quedar limpio de sus últimas manchas. Y que todo sacerdote gustosamente repita en el cuerpo de su hermano moribundo el acto de amor de María para con el Cristo penante. En verdad os digo que aquello que en aquella ocasión no hicisteis conmigo, dejando que una mujer os llevara la delantera -y ahora pensáis en ello con mucho dolor- podéis hacerlo en el futuro, y tantas veces cuantas sean las que os inclinéis con amor hacia un moribundo para prepararlo para su encuentro con Dios. Yo estoy en los mendigos y en los moribundos, en los peregrinos, en los huérfanos, en las viudas, en los prisioneros, en los que tienen hambre, sed o frío, en los que están afligidos o cansados. Yo estoy en todos los miembros de mi místico Cuerpo, que es la unión de mis fieles. Amadme en ellos y ofreceréis reparación por vuestro desamor de tantas veces, y me daréis gran alegría a mí, y a vosotros os daréis mucha gloria. Y considerad que contra vosotros conspiran el mundo, la edad, las enfermedades, el tiempo, las persecuciones. Evitad, pues, el ser avaros de lo que habéis recibido, y evitad la imprudencia. Transmitid, por esto, en mi Nombre, el Sacerdocio a los mejores de entre los discípulos, para que la Tierra no se quede sin sacerdotes. Y que sea un carácter sagrado concedido después de un profundo examen, no verbal sino de las acciones de aquel que pide ser sacerdote, o de aquel a quien juzguéis apto para serlo. Pensad en lo que es el Sacerdote; en el bien que puede hacer y en el mal que puede hacer. Habéis visto una muestra de lo que puede hacer un sacerdote venido a menos en su carácter sagrado. En verdad os digo que por las culpas del Templo esta nación será dispersada. Pero también os digo, en verdad, que igualmente será destruida la Tierra cuando el abominio de la desolación entre en el nuevo sacerdocio, conduciendo a los hombres a la apostasía para abrazar las doctrinas infernales. Entonces surgirá el hijo de Satanás, y los pueblos, tremendamente horrorizados, gemirán, y pocos permanecerán fieles al Señor; entonces, entre convulsiones de horror, vendrá el final, tras la victoria de Dios y de sus pocos elegidos, y descenderá la ira de Dios sobre todos los malditos. ¡Desventura, tres veces desventura si para esos pocos ya no hay santos, los últimos pabellones del Templo de Cristo! ¡Desventura, tres veces desventura si para confortar a los últimos cristianos no hay verdaderos Sacerdotes como los habrá para los primeros! En verdad, la última persecución, no siendo persecución de hombres sino del hijo de Satanás y de sus seguidores, será horrenda. ¿Sacerdotes? Tan feroz será la persecución de las hordas del Anticristo, que los de la última hora deberán ser más que sacerdotes. Semejantes al hombre vestido de lino (tan santo, que está al lado del Señor; el hombre de la visión de Ezequiel) (Ezequiel 9, 2.3.11; 10, 2.6.7), deberán, infatigablemente, con su perfección, marcar una Tau en los espíritus de esos pocos fieles para que llamas de infierno no la cancelen. ¿Sacerdotes? Ángeles. Ángeles que agiten el turíbulo cargado de los inciensos de sus virtudes para purificar el aire de los miasmas de Satanás. ¿Ángeles? Más que ángeles: otros Cristos, para que los fieles del último tiempo puedan perseverar hasta el final. Esto es lo que deberán ser. Pero el bien y el mal futuros tienen raíz en el presente. Los aludes empiezan con un copo de nieve. Un sacerdote indigno, impuro, hereje, infiel, incrédulo, tibio o frío, apagado, insípido, lujurioso, hace un daño diez veces superior al que provoca un fiel culpable de los mismos pecados; y arrastra a muchos otros al pecado. La relajación en el Sacerdocio, el acoger doctrinas impuras, el egoísmo, la codicia, la concupiscencia en el Sacerdocio, ya sabéis en donde desemboca: en el deicidio. Y en los siglos futuros ya no se podrá matar al Hijo de Dios, pero sí se podrá matar la fe en Dios, la idea de Dios. Por lo cual se llevarácabo un deicidio aún más irreparable, porque carecerá de resurrección. Sí, se podrá llevar a cabo; lo veo… Podrá ser llevado a cabo por los demasiados Judas de Keriot de los siglos futuros. ¡Un horror!… ¡Mi Iglesia removida de sus quicios por sus propios ministros! ¡Y Yo sosteniéndola con la ayuda de las víctimas!

¡Y ellos, esos Sacerdotes que tendrán únicamente las vestiduras del Sacerdote, pero no su alma, ayudando a intensificar las olas agitadas por la Serpiente infernal contra tu barca, Pedro! ¡En pie! ¡Yérguete! Transmite esta orden a tus sucesores: “Mano al timón, mano dura con los náufragos que han querido naufragar y tratan de hacer naufragar a la barca de Dios. Descarga tu mano, pero salva y sigue adelante. Sé severo, porque justo es el castigo contra los hombres rapaces. Defiende el tesoro de la fe. Mantén alta la luz, como un faro por encima de las olas desatadas, para que los que siguen a tu barca vean y no perezcan.

Pastor y nauta para los tiempos tremendos, recoge, guía, levanta alto mi Evangelio, porque en él y no en otra ciencia se halla la salvación. Lo mismo que nos ha sucedido a los de Israel, y aún más profundamente, llegarán tiempos en que el Sacerdocio creerá – por saber sólo lo superfluo, desconociendo lo indispensable, o conociendo sólo su forma muerta, esa forma con que ahora conocen los sacerdotes la Ley, o sea, no el espíritu sino el revestimiento, y exageradamente recargado de adornos- creerá, digo, ser una clase superior. Vendrán tiempos en que el Libro quedará sustituido por todos los demás libros, y aquél será usado sólo como lo usaría uno que debiera utilizar forzadamente un objeto, o sea, mecánicamente; como un agricultor ara, siembra, recoge, sin meditar en la maravillosa providencia que hay en esa nueva multiplicación de semillas que sucede todos los años: una semilla arrojada a la tierra removida, que se hace tallo y espiga, luego harina y luego pan por paterno amor de Dios. ¿Quién al llevarse a la boca un trozo de pan alza el espíritu hacia Aquel que creó la primera semilla y desde siglos la hace renacer y crecer, distribuyendo con medida las lluvias y el calor para que germine y se alce y madure sin que se ponga lacia o se queme? Así, llegará el tiempo en que será enseñado el Evangelio científicamente bien, pero espiritualmente mal.

Ahora bien,

¿qué es la ciencia si falta la sabiduría?

Es paja. Paja que se hincha y no nutre. Y en verdad os digo que llegará un tiempo en que demasiados de entre los Sacerdotes serán semejantes a pajares llenos, soberbios pajares, que se mostrarán arrogantes con su orgullo de estar muy llenos, como si a sí mismos se hubieran proporcionado esas espigas que coronaron las cañas, como si todavía las espigas estuvieran en la cima de las cañas; y creerán ser todo por tener toda esa paja, en vez del puñado de mies, del verdadero alimento que es el espíritu del Evangelio. ¡Un montón! ¡Un montón de paja! Pero ¿puede bastar la paja? Ni siquiera para el vientre del jumento basta, y, si el amo del jumento no vigoriza al animal con cereales y forraje fresco, el jumento nutrido sólo con paja se debilita e incluso muere. Pues bien, os digo que llegará el momento en que los Sacerdotes, olvidando que con pocas espigas instruí a los espíritus en orden a la verdad, y olvidando cuánto le costó a su Señor ese verdadero pan del espíritu (sacado por entero y solamente de la Sabiduría divina, expresado por la divina Palabra, noble en su forma doctrinal, incansable en repetirse, para que no se pierdan las verdades dichas, humilde en su forma, sin atavíos de ciencias humanas, sin complementos históricos y geográficos), no se preocuparán del alma de ese pan del espíritu, sino sólo del revestimiento con que presentarlo, para hacer ver a las multitudes cuántas cosas saben, y el espíritu del Evangelio quedará difuminado en ellos bajo avalanchas de ciencia humana.

Pero, si no lo poseen, ¿cómo pueden transmitirlo? ¿Qué darán a los fieles estos pajares hinchados? Paja. ¿Qué alimento recibirán de ellos los espíritus de los fieles? Pues lo que no da para más que para arrastrar una mortecina vida. ¿Qué fruto producirán de esta enseñanza y de este conocimiento imperfecto del Evangelio? Pues el enfriamiento de los corazones, el que entren doctrinas heréticas, doctrinas e ideas más que heréticas incluso, en vez de la única, verdadera Doctrina; y la preparación del terreno para la Bestia, para su fugaz reino de hielo, tinieblas y horror.

En verdad os digo que, de la misma manera que el Padre y Creador multiplica las estrellas para que no se despueble el cielo por las que, terminada su vida, perecen, así, igualmente, Yo tendré que evangelizar muchísimas veces a discípulos a los que distribuiré entre los hombres y a lo largo de los siglos. Y también en verdad os digo que el destino de éstos será como el mío; es decir, la sinagoga y los soberbios los perseguirán como me han perseguido a mí. Pero tanto Yo como ellos tenemos nuestra recompensa: la de hacer la Voluntad de Dios, y la de servirle hasta la muerte de cruz para que su gloria resplandezca y el conocimiento de Él no se apague. Pero tú, Pontífice, y vosotros, Pastores, en vosotros y en vuestros sucesores, velad para que no se pierda el espíritu del Evangelio y, incansablemente, orad al Espíritu Santo para que en vosotros se renueve un continuo Pentecostés -no sabéis lo qué quiero decir, pero pronto lo sabréis-, de forma que podáis comprender todos los idiomas y discernir mis voces de las del Simio de Dios: Satán, y elegir aquéllas. Y no dejéis caer en el vacío mis voces futuras. Cada una de ellas es un acto de misericordia mía para ayudaros; y esas voces, cuanto más vea Yo, por razones divinas, que el Cristianismo las necesita para superar las borrascas de los tiempos, más numerosas serán ¡Pastor y nauta, Pedro! Pastor y nauta. Llegará el día en que no te bastará con ser pastor, si no eres nauta; ni con ser nauta, si no eres pastor. Ambas cosas deberás ser: para mantener congregados a los corderos (esos corderos que tentáculos y garras feroces tratarán de arrebatarte, o falaces músicas de promesas imposibles te seducirán), y para llevar adelante la barca (esa barca que será embestida por todos los vientos, de Septentrión y Meridión, de Oriente y Occidente; azotada y sacudida por las fuerzas del abismo; asaeteada por los arqueros de la Bestia; lamida por el aliento de fuego del dragón, que barrerá sus bordes con su cola, de forma que los imprudentes sufrirán el fuego y perecerán cayendo a las enfurecidas olas). Pastor y nauta en los tiempos tremendos… Tu brújula, el Evangelio. En él están la Vida y la Salvación. Y todo está dicho en él. Todos los artículos del Código santo, todas las respuestas para los múltiples casos de las almas están en él. Y haz que de él no se separen ni los Sacerdotes ni los fieles. Haz que no vengan dudas sobre él, ni alteraciones a él, ni sustituciones ni sofisticaciones.

El Evangelio… soy Yo mismo el Evangelio. Desde el nacimiento hasta la muerte. En el Evangelio está Dios. Porque en él aparecen manifiestas las obras del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. El Evangelio es amor. Yo he dicho: “Mi Palabra es Vida”. He dicho “Dios es caridad”. Que conozcan, pues, los pueblos mi Palabra y tengan en ellos el amor, o sea, a Dios. Para tener el Reino de Dios. Porque el que no está en Dios no tiene en sí la Vida. Porque los que no reciban la Palabra del Padre no podrán ser una sola cosa con el Padre, conmigo y con el Espíritu Santo en el Cielo, y no podrán pertenecer a ese único Redil que es santo como Yo quiero que lo sea. No serán sarmientos unidos a la Vid, porque quien rechaza en su totalidad o parcialmente mi Palabra es un miembro por el que ya no circula la savia de la Vid. Mi Palabra es savia que nutre y hace crecer y fructificar.

Todo esto lo haréis en recuerdo de mí, que os lo he enseñado. Mucho más podría deciros sobre estas cosas. Pero me he limitado a echar la semilla. El Espíritu Santo la hará germinar. He querido daros Yo la semilla, porque conozco vuestros corazones y sé cómo titubearíais, a causa del miedo, por indicaciones espirituales, inmateriales. El miedo a caer en engaño paralizaría vuestra voluntad. Por eso os he hablado -Yo primero- de todas las cosas. Luego el Paráclito os recordará mis palabras y os las ampliará detalladamente. Y no temeréis porque recordaréis que la primera semilla os la di Yo. Dejaos guiar por el Espíritu Santo. Si mi Mano os ha guiado con dulzura, su Luz es dulcísima. Él es el Amor de Dios. Así Yo me marcho contento, porque sé que Él ocupará mi lugar y os guiará al conocimiento de Dios.

Todavía no lo conocéis, a pesar de que os haya hablado mucho de Él. Pero no es culpa vuestra. Vosotros habéis hecho de todo por comprenderme y por eso estáis justificados, a pesar de que hayáis comprendido poco en tres años. La falta de la Gracia ofuscaba vuestro espíritu. Ahora también comprendéis poco, aunque la Gracia de Dios haya descendido de mi cruz sobre vosotros. Tenéis necesidad del Fuego. Un día hablé de esto a uno de vosotros, yendo por los caminos de las orillas del Jordán. La hora ha llegado. Vuelvo a mi Padre, pero no os dejo solos, porque os dejo la Eucaristía, o sea, a vuestro Jesús hecho alimento para los hombres. Y os dejo al Amigo: al Paráclito. Él os guiará. Paso vuestras almas de mi Luz a su Luz y Él llevará a cabo vuestra formación. -¿Nos dejas ahora? ¿Aquí? ¿En este monte? Están todos desolados. -No. Todavía no. Pero el tiempo vuela y pronto llegará ese momento. -¡No me dejes en la Tierra sin ti, Señor! Te he querido desde tu Nacimiento hasta tu Muerte, desde tu Muerte hasta tu Resurrección, y siempre. Pero, ¡demasiado triste sería saber que no estuvieras ya entre nosotros! Escuchaste la oración del padre de Eliseo. Has acogido las peticiones de muchos. ¡Acoge la mía, Señor! – suplica Isaac, de rodillas, tendidas sus manos hacia adelante. -La vida que todavía podrías tener sería predicación de mí, quizás gloria, de martirio. Supiste ser mártir por amor a mí cuando era niño, ¿temes ahora serlo por amor a mí glorioso? -Mi gloria consistiría en seguirte, Señor. Soy pobre e ignorante. Todo lo que podría dar lo he dado con buena voluntad. Ahora lo que querría sería seguirte. Pero hágase como Tú quieres, ahora y siempre.

Jesús pone sobre la cabeza de Isaac la mano, y la mantiene haciendo una larga caricia mientras dice a todos los presentes:

-¿No tenéis preguntas que hacerme? Son las últimas lecciones. Hablad a vuestro Maestro… ¿Veis como los pequeñostienen confianza conmigo?

En efecto, también hoy Margziam apoya la cabeza en el cuerpo de Jesús, pegándose fuertemente a Él; e Isaac tampoco ha mostrado reticencia en exponer su deseo. -La verdad… Sí… Tenemos preguntas que hacerte… – dice Pedro. -Pues preguntad. -Sí… Ayer, al declinar del día, cuando nos dejaste, estuvimos hablando entre nosotros sobre lo que habías dicho. Ahora otras palabras se acumulan en nosotros por lo que acabas de decir.

Ayer, y también hoy, si lo pensamos bien, has hablado como si fueran a surgir herejías y divisiones, y pronto además. Esto nos hace pensar que tendremos que ser muy prudentes con los que quieran incorporarse a nosotros. Porque está claro que en ellos estará la semilla de la herejía y de la división. -¿Lo crees? ¿Y no está dividido ya Israel respecto a venir a mí? Tú quieres decir que el Israel que me ha querido nunca será hereje y nunca estará dividido. ¿No? Pero, ¿acaso ha estado unido alguna vez desde hace siglos?, ¿acaso estuvo unido, incluso, en los momentos de su antigua formación? ¿Y ha estado unido en seguirme? En verdad os digo que está en él la raíz de la herejí-Pero… -Pero es idólatra y vive en la herejía, desde hace siglos, bajo apariencia externa de fidelidad. Ya conocéis sus ídolos y sus
herejías Los gentiles serán mejores. Por eso, Yo no los he excluido, y os digo que hagáis lo que Yo he hecho. Esta será para vosotros una de las cosas más difíciles. Lo sé. Pero, traed a vuestra memoria a los profetas. Profetizan lavocación de los gentiles y la dureza de los judíos (Isaías 45, 14-17; 49, 5-6; 55, 5; 60: Jeremías 16, 19-21; Miqueas 4, 1-2; Sofonías 3, 9-10; Zacarías 8, 20-23. Y profetizan le dureza de los judíos; por ejemplo, en: Éxodo 32, 7-10; 33, 5; 34, 8; Deuteronomio 9, 1- 14; 31, 24-27; 2 Crónicas 30, 7-8; 36, 14-16; Jeremías 3, 6-25; 4, 1-4; 7, 21-28; Ezequiel 2, 3-8; 3, 4-9; 6, 11-14; 7, 15-27; 8,- 11, 2- 12; 20; 22). ¿Qué razón tendríais para cerrar las puertas del Reino a los que me aman y se acercan a la Luz que su alma buscaba? ¿Los creéis más pecadores que vosotros porque hasta el momento no han conocido a Dios; porque han seguido su religión y la seguirán hasta que no se vean atraídos por la nuestra? No debéis hacerlo. Yo os digo que muchas veces son mejores que vosotros porque, teniendo una religión no santa, saben ser justos. No faltan los justos en ninguna nación ni religión. Dios observa las obras de los hombres, no sus palabras. Y si ve que un gentil, por justicia de corazón, hace naturalmente lo que la Ley del Sinaí manda, ¿por qué debería considerarlo abyecto? ¿No es aún más meritorio el que un hombre que no conoce el mandato de Dios de no hacer esto o aquello porque está mal se imponga por sí mismo un imperativo de no hacer lo que su razón le dice que no es bueno y lo siga fielmente?… ¿no es esto mayor respecto al mérito relativo de aquel que, conociendo a Dios, fin del hombre, y conociendo la Ley, que permite conseguir este fin, haga continuos compromisos y cálculos para adecuar el imperativo perfecto a la voluntad corrompida? ¿Qué os parece? ¿Creéis que Dios aprecia las escapatorias que Israel ha puesto a la obediencia para no tener que sacrificar mucho su concupiscencia? ¿Qué os parece? ¿Creéis que cuando salga de este mundo un gentil, justo ante Dios por haber seguido la recta ley que su conciencia se impuso, Dios lo va a juzgar como demonio? Os digo que Dios juzgará las acciones de los hombres, y el Cristo, Juez de todas las gentes, premiará a aquellos en quienes el deseo del alma tuvo voz de íntima ley para llegar al fin último del hombre, que es unirse de nuevo con su Creador, con el Dios desconocido para los paganos pero sentido como verdadero y santo más allá del escenario pintado de los falsos Olimpos. Es más, tened mucho cuidado de no ser vosotros escándalo para los gentiles. Ya demasiadas veces ha sido mancillado el nombre de Dios entre los gentiles por las obras de los hijos del pueblo de Dios. No intentéis creeros tesoreros absolutos de mis dones y méritos. Yo he muerto por judíos y gentiles. Mi Reino será de todas las gentes. No abuséis de la paciencia con que Dios os ha tratado hasta este momento diciéndoos a vosotros mismos: “A nosotros todo nos está permitido”. No. Os lo digo. Ya no existe éste o aquel pueblo. Existe mi Pueblo. Y en él tienen el mismo valor los vasos que se han gastado en el servicio del Templo y los que ahora se colocan en las mesas de Dios. Es más, muchos vasos gastados en el servicio del Templo, pero no de Dios, serán arrinconados y, en vez de ellos, sobre el altar, serán colocados los que ahora no conocen ni incienso ni aceite ni vino ni bálsamo, pero están deseosos de llenarse de esto y de ser usados para la gloria de Dios. No exijáis mucho a los gentiles. Basta con que tengan la fe y con que obedezcan a mi Palabra. Una nueva circuncisión toma el lugar de la antigua. De ahora en adelante, la circuncisión del hombre es la del corazón; la del espíritu, mejor aún que la del corazón; porque la sangre de los circuncisos, que significa purificación de aquella concupiscencia que excluyó a Adán de la filiación divina, ha quedado sustituida por mi Sangre purísima, la cual es válida en el circunciso y en el incircunciso en cuanto al
cuerpo, con tal de que tenga mi Bautismo y de que renuncie a Satanás, al mundo y a la carne por amor a Mí. No despreciéis a los. Dios no despreció a Abraham, a quien, por su justicia y antes de que la circuncisión mordiera su carne, eligió como jefe de su Pueblo. Si Dios estableció contacto con Abraham (Génesis 12, 1-3.7) para transmitirle sus preceptos cuando era Ley del Señor. Considerad cuántos pecados han cometido y a qué pecado han llegado los circuncisos. No seáis, pues, intransigentes con los gentiles. -¿Pero tenemos que decirles a ellos lo que Tú nos has enseñado? No comprenderán nada, porque no conocen la Ley. -Vosotros lo decís. Pero, ¿acaso ha comprendido Israel, que conocía la Ley y los Profetas? -Es verdad. -De todas formas, estad atentos. Diréis lo que el Espíritu os sugiera que digáis, con toda exactitud, sin miedos, sin querer obrar por propia iniciativa. Y cuando de entre los fieles, surjan falsos profetas, los cuales manifestarán sus ideas como si fueran ideas inspiradas, y serán los herejes, pues combatid con medios más estables que la palabra sus doctrinas heréticas. Pero no os preocupéis. El Espíritu Santo os guiará. Yo nunca digo nada que no se cumpla.

¿Y qué vamos a hacer con los herejes?Combatid con todas las fuerzas la herejía en sí misma, pero tratad, con todos los medios, de convertir para el Señor a los herejes. No os canséis de buscar las ovejas descarriadas para conducirlas de nuevo al Redil. Orad, sufrid, incitad a orar y a sufrir, id pidiendo sacrificios y sufrimientos a los puros, a los buenos, a los generosos, porque con estas cosas se convierten los hermanos. La Pasión de Cristo continúa en los cristianos. No os he excluido de esta gran obra que es la Redención del mundo. Sois todos miembros de un único cuerpo. Ayudaos entre vosotros, y quien esté sano y sea fuerte que trabaje para los más débiles, y quien esté unido que extienda las manos y llame a los hermanos que están lejos. -¿Pero los habrá, después de haber sido hermanos bajo un mismo techo?

-Los habrá.-Y porqué? -Por muchas razones. Llevarán todavía mi Nombre. Es más, se gloriarán de él. Trabajarán por extender el conocimientode mi Nombre. Contribuirán a que Yo sea conocido hasta en  los últimos confines de la Tierra. No se lo impidáis, porque os recuerdo que el que no está contra mí está de mi parte. Pero… ¡pobres hijos! Su trabajo será siempre parcial; sus méritos, siempre imperfectos. No podrán estar en mí si están separados de la Vid. Sus obras serán siempre incompletas. Vosotros –digo “vosotros” y hablo a los que os sucederán- id a donde estén ellos; no digáis farisaicamente: “No voy para no contaminarme”, o perezosamente: “No voy porque ya hay quien predica al Señor”, o temerosamente: “No voy para no ser repelido por ellos”. Id. Id, os digo. A todas las gentes. Hasta los confines del mundo. Para que sea conocida toda mi Doctrina y mi única Iglesia, y las almas tengan la manera de entrar a formar parte de ella.

-¿Y diremos o escribiremos todas tus acciones?Os he dicho que el Espíritu Santo os aconsejará sobre lo que conviene decir o callar según los tiempos. Ya veis que todo lo que he realizado es creído o negado, y que algunas veces, blandido por manos que me odian, se toma como arma contra mí. Me han llamada Belcebú cuando, como Maestro y en presencia de todos, obraba milagros. ¿Qué dirán ahora, cuando sepan que tan sobrenaturalmente he obrado? Seré blasfemado más aún. Y vosotros seríais perseguidos antes de su momento. Por tanto, callad hasta que llegue la hora de hablar.

-¿Pero y si esa hora llegara cuando ya nosotros, testigos, hubiéramos muerto? -En mi Iglesia habrá siempre sacerdotes, doctores, profetas, exorcistas, confesores, obradores de milagros, inspirados: todo lo que ella requiere para que las gentes reciban de ella lo necesario. El Cielo, la Iglesia triunfante, no dejará sola a la Iglesia docente, y ésta socorrerá a la Iglesia militante. No son tres cuerpos. Son un solo Cuerpo. No hay división entre ellas, sino comunión de amor y de fin: amar la Caridad; gozar de la Caridad en el Cielo, su Reino. Por eso, también la Iglesia militante deberá, con amor, aportar sufragios a la parte suya que, destinada ya a la triunfante, todavía se encuentra excluida de ésta por razón de la satisfactoria reparación de las faltas absueltas pero no expiadas enteramente ante la perfecta divina Justicia. En el Cuerpo místico todo debe hacerse en el amor y por amor, porque el amor es la sangre que por él circula.

Socorred a los hermanos que purgan.

De la misma manera que he dicho que las obras de misericordia corporales os conquistan un premio en el Cielo, también he dicho que os lo conquistan las espirituales. Y en verdad os digo que el sufragio para los difuntos, para que entren en la paz, es una gran obra de misericordia, por la cual Dios os bendecirá y os estarán agradecidos los beneficiarios del sufragio. Os digo que cuando, en el día de la resurrección de la carne, estéis todos congregados ante Cristo Juez, entre aquellos a quienes bendeciré estarán los que tuvieron amor por los hermanos purgantes ofreciendo y orando por su paz. Ninguna buena acción quedará sin fruto, y muchos resplandecerán vivamente en el Cielo sin haber predicado ni administrado ni realizado viajes apostólicos, sin haber abrazado especiales estados, sino solamente por haber orado y sufrido por dar paz a los purgantes, por llevar a la conversión a los mortales. También estas personas, sacerdotes a quienes el mundo desconoce, apóstoles desconocidos, víctimas que sólo Dios ve, recibirán el premio de los jornaleros del Señor, pues habrán hecho de su vida un perpetuo sacrificio de amor por los hermanos y por la gloria de Dios. En verdad os digo que a la vida eterna se llega por muchos caminos, y uno de ellos es éste, y muy apreciado por mi Corazón.

¿Tenéis alguna otra cosa que preguntar? Hablad………………………..

Conversaciones y discursos de Jesús con sus discípulos y apóstoles
EL EVANGELIO A MÍ REVELADO
María Valtorta

11 DE FEBRERO

FIESTA

DE

Nª.Sª. DE LOURDES

 

Gracias Santísima Virgen de Lourdes, Inmaculada Concepción, por el regalo de tu aparición y el regalo hecho a través de Bernardita Soubirous

Regalo de agua bendita, manantial de curación física y curación espiritual

 

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea,
en tan graciosa belleza.
A Ti celestial princesa,
Virgen Sagrada María,
te ofrezco en este día,
alma vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.

Amén.

 

ROSARIO DESDE LOURDES

YO

SOY

LA INMACULADA CONCEPCIÓN

 

 

 

 

Fiesta de Nª.Sª. DE LOURDES

SANTA ECLESIASTICA

Santa Eclesiastica

Santa Escolástica
Religiosa (año 543)

Era hermana gemela de San Benito, el santo que fundó la primera comunidad religiosa de occidente. Nació el año 480, en Nursia, Italia.

Desde muy joven se dedicó también ella a la vida religiosa y fue superiora de un convento de monjas. Su hermano dirigía un gran convento para hombres en el Monte Casino, y Escolástica fundó un convento para mujeres a los pies de ese mismo monte.

Aunque eran hermanos y se amaban mucho, sin embargo San Benito no iba a visitar a Escolástica sino una vez cada año, pues él era muy mortificado en hacer visitas. El día de la visita lo pasaban los dos hablando de temas espirituales.

Pocos días antes de la muerte de la santa fue su hermano a visitarla y después de haber pasado el día entero en charlas religiosas, el santo se despidió y se dispuso a volver al monasterio. Era el primer jueves de Cuaresma del año 547.

Escolástica le pidió a San Benito que se quedara aquella noche charlando con ella acerca del cielo y de Dios. Pero el santo le respondió: ¿Cómo se te ocurre hermana semejante petición? ¿No sabes que nuestros reglamentos nos prohiben pasar la noche fuera del convento? Entonces ella juntó sus manos y se quedó con la cabeza inclinada, orando a Dios. Y en seguida se desató una tormenta tan espantosa y un aguacero tan violento, que San Benito y los dos monjes que lo acompañaban no pudieron ni siquiera intentar volver aquella noche a su convento. Y la santa le dijo emocionada: “¿Ves hermano? Te rogué a ti y no quisiste hacerme caso. Le rogué a Dios, y El sí atendió mi petición”.

Y pasaron toda aquella noche rezando y hablando de Dios y de la Vida Eterna.

Benito volvió a su convento de Monte Casino y a los tres días, al asomarse a la ventana de su celda vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo. Entonces por inspiración divina supo que era el alma de su hermana que viajaba hacia la eternidad feliz. Envió a unos de sus monjes a que trajeran su cadáver, y lo hizo enterrar en la tumba que se había preparado para él mismo. Pocos días después murió también el santo. Así estos dos hermanos que vivieron toda la vida tan unidos espiritualmente, quedaron juntos en la tumba, mientras sus almas cantan eternamente las alabanzas a Dios en el cielo.

El trabajo ofrecido por Dios es una gran oración (San Benito).

FUENTE CORAZONES

¡COMO PRÍNCIPE DE LOS EJÉRCITOS CELESTIALES OS HAGO UNA LLAMADA, MILICIA TERRENAL, PARA QUE ESTÉIS LISTOS Y PREPARADOS, PORQUE LA HORA DEL COMBATE ESPIRITUAL EN VUESTRO MUNDO ESTA POR COMENZAR!

ENERO 15 2017 – 1: 20 P.M

 

San miguel

LLAMADA URGENTE DE SAN MIGUEL Y LA MILICIA CELESTIAL AL PUEBLO DE DIOS

Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra paz a los hombres de buena voluntad. Quien como Dios, Quien como Dios, Quien como Dios. Aleluya, Aleluya, Aleluya

Hermanos en el amor de Dios, que la paz del Altísimo esté con vosotros y mi humilde intercesión y protección os acompañe

Días de batalla espiritual están llegando y a la inmensa mayoría de la humanidad va a coger sin estar preparada. La maldad y el pecado tienen cegada esta humanidad, viven en un letargo espiritual y de no despertar, os aseguro que muchos van a morir eternamente. Estamos hermanos en combate espiritual con las huestes del mal en los lugares celestes; dentro de poco estos combates se trasladarán a la tierra, porque será en ella, donde se librará la batalla final por vuestra libertad.

Como Príncipe de los Ejércitos Celestiales os hago un llamado Milicia Terrenal, para que estéis listos y preparados, porque la hora del combate espiritual en vuestro mundo está por comenzar. Que vuestra Armadura Espiritual esté aceitada con la oración y reforzada con el ayuno y la penitencia. Que el sellamiento con la Sangre del Divino Cordero, esté siempre con vosotros; que no os falte la invocación al Santo Espíritu, ni la protección y asistencia de nuestra Amada , Reina y Señora..

¡Mortales, llegó la hora de vuestra liberación; no os relajéis con la oración! Formad fortines con vuestros hermanos y manteneos firmes en la fe; llevando siempre en vuestras manos el poder del Santo Rosario, con el cual vais a salir victoriosos en el combate espiritual de cada día. Las horas nocturnas serán las más activas en la lucha espiritual; mi Padre va a tomar el espíritu de muchos de sus instrumentos para que combatan con la Milicia Celestial y conmigo a las fuerzas del mal en las horas de las tinieblas.

Hermanos, no olvidéis colocaros la Armadura Espiritual a mañana y noche, haciéndola extensiva a vuestros familiares, para que los espíritus malignos no puedan apoderarse de sus cuerpos. Os digo, el que se aparte de la oración y de Dios, va a correr el riesgo de perderse, si no hay quien ore por él. Hemos sido enviados a proteger el Pueblo de Dios, pero es vuestra responsabilidad espiritual, orar, ayunar y hacer penitencia. Acordaos que respetamos vuestro libre albedrío; si no oráis y os apartáis de Dios, no podremos libraros de los ataques del enemigo de vuestra alma.

Nuevamente os digo: no os acostéis sin vuestra Armadura Espiritual puesta, porque los demonios van a estar buscando cuerpos para apoderarse de ellos y llevar el combate a vuestros hogares. Haced de vuestros hogares fortalezas espirituales; que todo este sellado con la Sangre del Cordero de Dios, para que ninguna fuerza del mal pueda robaros la paz. Llevad siempre en vuestro cuello el poder del Rosario e imágenes y medallas benditas,