NUESTRA SEÑORA DE LAUS: REFUGIO DE LOS PECADORES


Historia de Las Apariciones


NUESTRA SEÑORA DE LAUS: REFUGIO DE LOS PECADORES

Apariciones de Nuestra Señora en Francia de 1664 al 1718 “Uno de los santuarios más escondidos y poderosos de Europa.” Ubicado en el sur de los Alpes franceses se encuentra el pequeño pueblo agrícola de Saint-Etienne d’Avancon.

El 16 de septiembre de 1647, nació Benoite (Benedicta) Rencurel – la segunda de tresniñas- de padres muy pobres. Cuando Benoite tenía sólo 7 años de edad; su padre falleció, dejando a la familia en una pobreza aún más profunda, con acreedores procurando el pago de sus deudas. La familia estaba en tal pobreza, que algunos días sólo tenían para comer pan rancio y agua. A fin de mantener a la familia, las niñas tuvieron que trabajar fuera del hogar.

No obstante, a pesar de que no había tiempo para que Benoite fuera educada en la escuela, su madre se preocupó de enseñarle a rezar el Rosario y de orar en todo momento. Aunque era una niña llena de vida, también era un alma contemplativa y disfrutaba orar durante largos períodos de tiempo. Su familia era fiel en ir a Misa y fue instruida a través de las homilías dominicales, y aprendió de María, la Madre de Dios. Este dogma particular fascinó a la niña, y pasó largo tiempo contemplando este misterio, mientras cuidaba de las ovejas en los campos durante el día.

Esta contemplación condujo a un deseo de ver a la Santísima Virgen.

Durante estos años de crisis económica, la pequeña Benoite comenzó a trabajar como pastora para un vecino. Hay una historia de que durante estos años, hubo hombres de mala reputación, que se dirigían hacia la casa, uno de los cuales se le acercó ofreciéndole dinero por su pureza. Ella logró deshacerse de él, y corrió a advertirle a su madre de la proposición del hombre. Cuando Benoite tenía 12 años de edad, la situación financiera de su familia se volvió aún más crítica, por lo que tuvo que tomar otro trabajo, también pastoreando el rebaño de ovejas de otro vecino.

Cuando Benoite tenía 17 años de edad, estaba pastoreando los rebaños en el campo; cuando vio a un anciano vestido con los ornamentos de un Obispo de la Iglesia primitiva.
Él le preguntó: -«Mi hija, qué hace usted aquí?» -«Estoy cuidando mis ovejas, rezando a Dios, y buscando agua para beber.»
«Voy a traerle un poco» replicó el hombre mientras iba a un pozo que Benoite no había visto.
«¡Usted es tan hermoso!» dijo ella.
«¿Es usted un ángel o Jesús?»
-«Yo soy Maurice, a quien la capilla cercana es dedicada
. . .


Mi hija, no vuelva a este lugar. Es parte de un territorio distinto y los guardias tomarían su rebaño si lo encontraran aquí. Vaya al valle encima de Saint-Étienne. Es donde verá a la Madre de Dios.”
-«Pero Señor, Ella está en el Cielo. ¿Cómo puedo verla allí?”
-“Si Ella está en el Cielo, y en la tierra cuando Ella quiere.”
El hombre desapareció, pero al día siguiente Benoite hizo como él le dijo, y llevó a las ovejas a otro campo
.
Ella estaba rezando un Rosario cuando vio a una dama resplandeciente, sosteniendo la mano de un niño hermoso que estaba de pie sobre una roca.
«¡Hermosa Señora!» exclamó. «¿Qué está haciendo ahí arriba? ¿Quiere comer conmigo? Tengo algo de pan bueno que lo remojaríamos en la fuente.»
Esta sencillez hizo sonreír a Nuestra Señora, pero permaneció en silencio…

Benoite insistió, diciendo,

«¡Hermosa Señora! ¿Podría darnos al niño, que tanto nos alegraría?.»

La Señora sonrió otra vez, le permitió sostenerlo, y luego desapareció.

Ella continuó viendo por cuatro meses, diariamente a Nuestra Señora en el campo, mientras pastoreaba las ovejas.

Nuestra Señora le corrigió su excesiva vivacidad, su brusquedad y terquedad, y su apego a las cosas materiales y a los animales.

Le enseñó la Letanía de Loreto, haciéndola repetir palabra por palabra lo que Ella decía.

La Virgen había tomado a Benoite como su estudiante.

Un día incluso, invitó a Benoite a descansar a su lado, permitiéndole dormir en el dobladillo de su manto.


Durante este tiempo, Benoite había comentado a su patrona acerca de las apariciones, pero ella no le creyó. Un día, siguió a la Benoite al campo, y si bien no pudo ver a Nuestra

Señora, pudo escuchar sus palabras. Durante esta aparición, Nuestra Señora pidió a Benoite que le advirtiera a su patrona «acerca del peligro que corría su alma —«Su conciencia está en un estado muy pobre. ¡Ella debe arrepentirse!» Luego de haber escuchado estas palabras, su patrona retomó su vida cristiana, retornó a los sacramentos y se arrepintió de sus pecados.

El 29 de agosto de 1664, Benoite preguntó el nombre a Nuestra Señora. Ella respondió diciendo:

«Mi nombre es María.»

También le dijo que por un tiempo no le vendría a ver, lo cual entristeció a Benoite.

No obstante, casi un mes más tarde, a finales de septiembre, sintió que la Virgen estaba cerca y corrió hacia Ella. De hecho, tuvo que montar una de las cabras a fin de atravesar un río que no era capaz de cruzar por sí misma.

La Stma. Virgen le dijo entonces que si quería continuar viéndole, debería ir a una pequeña capilla en Laus. Al día siguiente ella buscó por largo tiempo, a fin de encontrar la pequeña capilla. Supo que la había encontrado cuando pudo percibir el dulce aroma de las flores y vio la puerta abierta.
Cuando llegó, estaba conmovida por el hecho de que la Santísima Virgen le estuviera esperando; pero a la vez se sentía avergonzada por el estado sucio y pobre de la capilla.
Le ofreció su delantal, para que allí colocara sus pies, pero Nuestra Señora le aseguró que pronto la capilla sería embellecida. Por último, solicitó que se construyera una Iglesia en su honor, y prometió que muchos pecadores serían convertidos allí.
Aunque la distancia a la capilla era de aproximadamente 3 millas, Benoite iba con frecuencia a la capilla durante el invierno de 1664-1665.

En los meses siguientes, el mensaje de Nuestra Señora de Laus, comenzó a esclarecerse.


La Virgen pidió a Benoite «que rezara continuamente por los pecadores.»


Noticias sobre las apariciones comenzaron a difundirse a través de la región y los peregrinos empezaron a venir a la pequeña capilla. Dado que creció la notoriedad de las apariciones y cada vez más gente comenzó a realizar peregrinaciones a la pequeña capilla de Laus, la opinión de la gente estaba dividida en lo atinente a la autenticidad de las apariciones. Contaba con el total aval del Vicario General de la Diócesis de Gap, Padre Pierre Gaillard, quien escribió al respecto al Padre Antoine Lambert, el Vicario General de la Diócesis de Embrun, en cuyo territorio se encontraba la capilla. Por su parte, el Padre Lambert no era partidario y proclive a las apariciones.

El 14 de septiembre de 1665, viajó a Laus para conocer a Benoite y probar que las apariciones eran un engaño.


Benoite tenía miedo, pero la Santísima Virgen le dijo:

«No, hija mía, tu no debes huir. Debes permanecer, debes hacer justicia a los clérigos. Ellos te preguntarán uno tras otro, intentarán atraparte en tus propias palabras. Pero no tengas miedo. Dile al Vicario General que si bien puede hacer descender del Cielo a Dios por el poder recibido cuando fue ordenado sacerdote, no puede dar órdenes a la Madre de Dios.»

Una vez comenzado el interrogatorio, Padre Lambert y los sacerdotes que le acompañaban le hacían preguntas, tratando de que contradijera sus mismas palabras; pero las respuestas de Benoite fueron claras, articuladas, sin contradicción alguna. Aún así, estaba convencido de la falsedad de las apariciones y amenazó con cerrar la capilla.
En respuesta, Benoite le habló como la Virgen le había dicho. Sorprendido, el Padre Lambert cedió diciendo que necesitaba un milagro para convencerse.
Las inclemencias del tiempo le impidieron a él y sus compañeros de abandonar Laus esa noche, por lo que se quedaron por dos días más.

Resultó que había una mujer en el pueblo, con una condición atinente a las terminales nerviosas, que le provocaba que sus pies se doblaran de tal manera que tocaban la parte baja de la espalda. Ella había venido a la capilla en busca de su curación, a través de una novena a la Virgen. La noche en que la novena terminó, sintió que sus piernas se relajaban, ella había sido curada.
A la mañana siguiente entró a la capilla por sus propios medios, mientras Padre Lambert estaba celebrando la Santa Misa. El milagro impresionó a todos, incluyendo al Vicario.

Él mismo escribió el reporte del milagro, diciendo:

«Está ocurriendo algo extraordinario en aquella capilla.

Sí, la mano de Dios está allí!»

De esta manera, dio permiso para la construcción de la Iglesia que Nuestra Señora había solicitado.

Durante el invierno siguiente, el invierno de 1665; la Santísima Virgen le enseñó a Benoite, a utilizar del aceite de la lámpara del Santísimo para ungir a aquellos que vinieran a Laus buscando sanación.
Serían sanados aquellos que lo aplicaran con fe y recurrieran a ella.

De hecho, hubo numerosos informes de milagros y sanaciones, 61 sanaciones fueron reportadas en los meses siguientes.
Nuestra Señora estaba haciendo conocida la localidad de Laus, como un lugar para la conversión de los pecadores;
habiendo dicho a Benoite:


«Le pedí a mi Hijo que Laus fuera para la conversión de los pecadores, y Él me lo concedió.»


Mientras que Benoite ya se sacrificaba y rezaba por los pecadores, la Santísima Virgen le pidió que exhortara a los pecadores a que fueran al sacramento de la confesión. Esto fue tremendamente difícil para Benoite, viéndose a sí misma tan indigna; agregado al hecho de que la Santísima Virgen se lo había pedido tan suavemente que no estaba convencida de hacerlo.
Benoite describe la situación diciendo:

«La Madre de Dios me ordena a hacerlo de una manera tan suave, que no creo que realmente lo quiera. Y cuando fallo, mi buena Madre me corrige sin enfadarse. Debido a la vergüenza que siento en amonestar a otros, a menudo espero por una segunda orden, y luego obedezco.»

La Santísima Virgen le animó y le advirtió, diciendo: «¡Ánimo, hija mía! Ten paciencia . . . Cumple con tu deber alegremente. . . No guarde ningún odio hacia los enemigos de Laus . . . No te aflijas ni te enfermes si las personas no aprovechan tu consejo. . . No te perturbes por tentaciones, espíritus visibles o invisibles, o por asuntos temporales. . . Esfuérzate por nunca perder la presencia de Dios, porque quien tiene algo de fe no se atreverá a ofenderle.»

La Santísima Virgen le pidió específicamente a Benoite que fomentara la conversión de las mujeres que llevaran vidas impuras, licenciosas, y por aquellas que hubieran abortado.
Asimismo, instruyó a la vidente a fin de que animara a los sacerdotes que servían en el santuario, a acoger a los pecadores y peregrinos con caridad y calidez.
Por esta razón, Nuestra Señora de Laus se hizo conocida como Refugio de los pecadores y lugar de reconciliación.

Para profundizar esta gracia que la Virgen confería a través de su presencia maternal en el santuario, le concedió a Benoite el don de conocer y leer las almas, el cual la Santísima Virgen le animó a utilizar a fin de que la gente realmente reconociera sus pecados.
Benoite encontró muy difícil amonestar a las almas que Nuestra Señora le pedía hacerlo, y cuando se demoraba en su deber, la Virgen demoraba sus visitas. Benoite les ayudaba a ver los pecados o faltas de los que no eran conscientes.

Dado que era tan amable, la mayoría de la gente se mostró muy agradecida y resolvieron enmendar sus vidas.
Benoite no sólo debía guiar a los peregrinos que llegaban a limpiar verdaderamente sus conciencias; sino que también tuvo que ser exigente con los propios sacerdotes que servían en el santuario. Veía a menudo, el estado de sus almas mientras celebraban la Santa Misa -o bien rodeados de luz o deslustrados o empañados-, y ella advertía a aquellos que veía como deslustrados. Les advertía de los rencores que albergaban en sus corazones, su imprudencia en sus preguntas al oír confesiones, y su negligencia en sus deberes.

Ella exigía de todos, sencillez y pureza de alma, humildad y voluntad de mejorar. En 1668, Benoite se mudó a una casa pequeña cerca del santuario, de manera que no debía caminar los 5 kilometros de su casa al santuario, lo cual había estado haciendo durante cuatro años.

A partir de 1672, comenzó un periodo de veinte años de gran persecución contra Benoite y las apariciones de Laus. Después de haber contado con el apoyo de muchos sacerdotes, especialmente P. Lambert, Vicario de la Diócesis, ante el fallecimiento de este último, otros sacerdotes en posiciones de autoridad aprovecharon la oportunidad para negar la autenticidad de las apariciones. Pronto un signo fue colocado en la puerta del santuario, prohibiendo de que se celebrara Misa o cualquier otra devoción pública.

Nuestra Señora dijo a Benoite «Remueve ese papel… y deja que la Santa Misa se celebre como antes.» Le obedecieron. Fue también durante este tiempo que Benoite fue puesta bajo arresto domiciliario durante 15 años, permitiéndole sólo asistir a Misa el domingo. Benoite fue amenazada de ser excomulgada junto con cualquier sacerdote que celebrara la Misa en la capilla.

Entre 1669 y 1679, Benoite también recibió visiones de Jesús Crucificado. En una de estas ocasiones, el 7 de Julio de 1673, Cristo le dijo: «Hija Mía, Me estoy mostrando en esta condición de manera que puedas participar de los dolores de mi Pasión.» Desde ese momento, por 15 años, cada noche del jueves al sábado por la mañana, ella experimentó en su propio cuerpo la Pasión y Crucifixión de Nuestro Señor.

Esto ocasionó que se le ridiculizara más y se agregara mayor sospecha por parte de aquellos que le criticaban a ella y las apariciones en sí. Esta agonía cesó solo de 1677 a 1679, cuando servía comida a los trabajadores que estaban construyendo una casa para los sacerdotes, como la Virgen había solicitado. Sin embargo, su padecimiento se reanudó en noviembre de 1679. Si bien esta experiencia le expuso a mayor ridículo para algunos; para otros les produjo veneración, lo que fue igualmente doloroso para ella, en virtud de su humildad. Ella le rogó a la Santísima Virgen:

«¡Que mis sufrimientos sean incluso mas crueles, si tal es el beneplácito de Dios, pero déjeles que sean menos visibles!»
La Santísima Virgen se le apareció al sábado siguiente y respondió a su petición: «Ya no tendrás los sufrimientos de los viernes, pero tendrás muchos otros.”

En julio de 1692, todos los que ayudaron en el santuario, incluso Benoite, y gran parte de la población de Laus; tuvieron que huir a causa de la invasión del duque de Savoya. A su regreso, el obispo nombró a dos sacerdotes que miraban con gran recelo y sospecha las apariciones, y que no eran celosos de las almas, no observando la caridad que la Virgen había pedido para con los pecadores y penitentes. Llegaron al extremo de predicar la falsedad de las apariciones desde el púlpito.

También durante este periodo, Benoite sufrió muchos ataques del demonio. Entre estos ataques se destacan fuertes tentaciones contra la confianza en Dios y la castidad, y ataques incluso físicos contra su persona. Surgieron falsos “videntes” para contradecir lo que la Virgen estaba tratando de lograr a través de sus apariciones en Laus. Un día el demonio reveló el motivo de su ira y sus incesantes ataques exclamando:

«Ella es la razón por la que estoy perdiendo tantas almas

Benoite permaneció fiel a pesar de los ataques y tentaciones del enemigo.

Finalmente en 1712, vino el Obispo y confió a los peregrinos que afluían al santuario, al cuidado de una comunidad de sacerdotes “Pères Gardistes”, quienes fueron descriptos como: «un grupo profundamente religioso con sana doctrina, movidos por un ardiente deseo de apostolado”. Ellos se esforzaron por cumplir con la petición de Nuestra Señora, acercando a los peregrinos a buscar la intercesión de la Santísima Virgen y a la devoción del Sagrado Corazón que en aquel momento comenzaba a propagarse.
A pesar de que ahora los peregrinos, se encontraban en buenas manos, Benoite aún sufría los tormentos del demonio, en los cuales permaneció fiel a la Santísima Virgen. Por un momento, cuando la Santísima Virgen le dejó de visitar por un periodo de tiempo a fin de purificarla, Satanás lanzó un grito diciendo: «Ella te ha abandonado. . . ¡Ya no vas a tener ningún recurso, salvo en mi!» Benoite replicó: «¡Oh, prefiero morir mil veces abandonada por Nuestra Señora, a abandonarla por un solo momento!»

Las apariciones continuarían por el resto de la vida de Benoite, durante casi 54 años.

Seis años después de la llegada de los Padres Gardistes al santuario, Benoite enfermó y estaba postrada en una cama con fiebre muy alta. En la Navidad de 1718, pidió recibir el santo Viático y pidió perdón por cualquier mal ejemplo que hubiera dado en su vida, en ese momento la Santísima Virgen apareció dejando un aroma dulce en la habitación.
Tres días más tarde recibió los últimos sacramentos a las tres de la tarde. Los sacerdotes que habían servido en el santuario por los últimos seis años, habían pedido al Señor para que le pudieran tener por dos años más; pero Benoite sabía que su tiempo de volver a la casa del Padre había llegado.
Los sacerdotes pidieron su bendición como hijos suyos; ella en su humildad vaciló, pero luego cedió, diciendo:

«Es menester de nuestra buena Madre que los bendiga»

mientras levantó su mano desde su cama, no queriendo rehusarles ese consuelo, y les dijo:

“La doy muy gustosamente padres buenos”.


Se despidió serenamente, luciendo feliz y no experimentando agonía alguna. Alrededor de las ocho de la tarde, pidió a su ahijada rezar las Letanías del Niño Jesús y falleció en paz a los 71 años de edad.

EXTRACTOS DE LA HOMILIA EN LA QUE SE CONCEDE LA PROBACIÓN OFICIAL DE LA IGLESIA A LAS APARICIONES

El obsipo Falco, en su homilía en la Misa, trasmitida a todo el país, a través de la televisión de Francia, canal 2, dijo: «…hace 344 años, Nuestra Señora escogió dirigirse a una simple pastora, para abrir el camino de la penitencia y conversión, e invitar a los peregrinos a reconciliarse con el mundo y con Dios.» El Obispo di Falco explicó que después de investigar las apariciones, “quedó profundamente convencido de que Benoite Rencurel dijo la verdad. Que el mensaje que nos trasmitió merece toda nuestra

atención. Merece que abramos nuestro corazón para acoger y continuar con los frutos que se verifican hace muchos siglos. «Benoite, una joven del campo, sin cultura, recibió su misión por parte de la Santísima Virgen: durante 54 años, guió a los peregrinos, y llamó a la conversión y a la misericordia. Dios se revela a los pobres y pequeños. Y Benoite, una laica, fue la mensajera de Dios. ¿Cómo no ver en ella un ejemplo de un laico responsable?“ La humilde pastora, prosigue el prelado francés: «fue un ejemplo moderno de un laicado comprometido en la vida de una comunidad, lo que convoca el Concilio Vaticano
II. Ella habla a los hombres de nuestro tiempo, guía a aquellos que buscan, aquellos que se adentran en su interior buscando la fuente de la vida verdadera”. El mensaje actual de Benoite, concluye el Obispo di Falco es «vivir de corazón a corazón con Dios en la oración, entrar en profundad en nuestra conversión, donde somos reconciliados con nosotros mismos, con los demás y con Dios, y vivan su misión en su vida cotidiana, en su comunidad y con alegría.» Lo llamó el evento más singular acaecido en Francia desde las apariciones de Lourdes en 1862. “Reconozco el origen sobrenatural de las apariciones y eventos y palabras experimentados y narrados por Benedicta Rencurel. Animó a todos los fieles a venir a rezar y buscar la renovación espiritual en este santuario” dijo el Obispo.
“Nadie es obligado a creer en las apariciones, continuó diciendo, “hasta en aquellas oficialmente reconocidas, pero si éstas ayudan en nuestra fe y en nuestra vida cotidiana, ¿por qué deberíamos rechazarlas? se preguntó. (Ref. Zenit y Aciprensa)

 

NUESTRA SEÑORA DE LAUS Y SAN PEDRO JULIÁN EYMARD

 

La fecundidad espiritual de las apariciones de Nuestra Señora en Laus pueden verse en la vida de varios santos, incluyendo San Eugenio de Mazenod, San Pedro Julián Eymard y el conocido autor Padre Jean Baptiste Chautard. San Pedro Julián Eymard, fundador de los padres y siervos del Santísimo Sacramento, nació entre Lourdes y Laus en 1865, y con frecuencia realizó peregrinaciones a estos santuarios. Después de mucho esfuerzo en la tentativa de convencer a sus padres que le permitieran

hacer una peregrinación de 50 kilómetros a pie a Nuestra Señora de Laus, finalmente le fue otorgado el permiso. Tenía 11 años y acababa de hablar con su padre acerca de su vocación al sacerdocio. Su padre le había negado el permiso, lo cual había devastado al joven Pedro. Con esto en mente viajó a Laus.
A su llegada, abrió su corazón a la Santísima Virgen, descargando todas sus penas, y pidiéndole que le guiara en su vocación al sacerdocio. Ella le respondió a través de un sacerdote, P. Touche, quien se convirtió en un amigo y mentor a lo largo de su vida. Pidió a Pedro que le contara su problema para ver cómo le podía ayudar. Le animó a Pedro que perseverara y fuera determinado en el seguimiento de su vocación.
Años mas tarde, volvería al santuario, para agradecer a Nuestra Señora por haber suavizado el corazón de su padre, quien finalmente le concedió el permiso para seguir su vocación al sacerdocio. También hay una historia de San Pedro Julián Eymard, en una etapa posterior de su vida; cuando su hermana se encontraba gravemente enferma, vomitando constantemente y con fiebre alta.
Recurrió a Nuestra Señora de Laus, viajando al santuario a fin de obtener el aceite milagroso de la lámpara del Santísimo de la capilla de las apariciones. A su regreso, invocó la intercesión de Benoite y Nuestra Señora de Laus, con la intención de hacer una novena, e hizo la señal de la cruz en el vientre de su hermana empleando el aceite. En la noche, los vómitos habían cesado y continuó mejorando hasta que sanó completamente.
Al final de su vida, San Pedro Julián Eymard deseaba hacer nuevamente, una peregrinación a Lourdes y Laus, en agradecimiento a la Santísima Virgen. Llegó a Lourdes, pero enfermó gravemente. Volvió a su casa donde pronto falleció, no pudiendo cumplir su deseo de ir a Laus.

RELACIÓN DE BENOITE CON SU ÁNGEL DE LA GUARDA

Benoite tenía una relación especial con su ángel de la guarda, a quien confió todo su dolor y problemas y al que consultó contantemente para obtener su orientación. A su vez, él correspondió a su confianza y sencillez con sus servicios. De él aprendió los diferentes usos de las plantas, también le ayudó a limpiar la capilla. Una noche Benoite había olvidado su chal en el bosque y estaba sufriendo el frío de la noche, su ángel de la guarda se lo trajo a fin de que se abrigara.
A menudo, le abría la puerta de la Iglesia y rezaba el Rosario con ella. Debido a esta relación tan estrecha, también le corregía cuando era necesario

. En una oportunidad, alguien le había regalado un hermoso Rosario a Benoite, al cual se apegó excesivamente. Dado ese apego, su ángel de la guarda se lo ocultó por largo tiempo. También le enseñó otras lecciones valiosas para la vida espiritual, por ejemplo “cuando una persona está alegre, todo lo que hace es agradable a Dios. Cuando una persona está enojada, no hace nada que le agrade al Señor.”

En medio de sus pruebas y sufrimientos, el ángel de la guarda de Benoite fue de gran consuelo para ella. Incluso en medio de sus peores sufrimientos, se le continuó apareciendo la Santísima Virgen así como su ángel de la guarda. Cuando la devoción a Nuestra Señora de Laus fue suprimida, él la animó diciendo:»La devoción de Laus es obra de Dios, la cual ni el hombre ni el demonio pueden destruir. Continuará hasta el fin del mundo, cada vez más floreciente y con mas frutos en todo el mundo”.

También le dio un atisbo de lo que iba a venir, cuando dijo:

«Siempre habrá problemas en Laus, hasta que asuma su cuidado una orden de religiosos».


Efectivamente, cuando la orden de sacerdotes asumió el ministerio del Santuario, las cosas comenzaron a mejorar. Su ángel guardián también intentó consolar a Benoite en su consternación al presenciar los sufrimientos de nuestro Señor durante las visiones que recibió. Le dijo:

“Hermana mía, no te perturbes. Aunque nuestro Divino Maestro se te ha aparecido en esta condición, Él no está sufriendo nada; únicamente es para mostrarte lo que sufrió por amor a la raza humana”
.


Sin embargo, permanecía horrorizada de que había sufrido tanto a causa de nuestros pecados.

NUESTRA SEÑORA DELAUS

Nuestra Señora de Laus

Mater Nostra